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La Tostá

El último día del año

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
31 dic 2021 / 10:02 h - Actualizado: 31 dic 2021 / 10:10 h.
"La Tostá"
  • Una dependienta pesa un ramo de uvas para Nochevieja, en una imagen de archivo. / EFE
    Una dependienta pesa un ramo de uvas para Nochevieja, en una imagen de archivo. / EFE

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Cada año es especial, importante en nuestras vidas, por muchos motivos. No hay año malo si llegamos al último día, el 31 de diciembre, con ganas de tomar el último mosto y cenar algo especial con la familia o amigos. Lo que peor llevamos es la marcha de los seres queridos, y este año ha sido terrible como consecuencia del virus, que sigue batiendo récords de contagios en toda España, 160.000 diagnosticados en las últimas veinticuatro horas. Por fortuna, y gracias a las vacunas, se ha reducido la mortalidad de manera considerable, pero raro es el día que no nos llega la noticia de la muerte de algún familiar, amigo o conocido, artistas a los que admiramos o personas que han perdido la vida por ayudar a los demás. Pero España es un país que se suele reponer con facilidad de las tragedias, como la del volcán de La Palma, donde ya se han puesto a trabajar para volver a sus casas o construir una nueva, aunque no acaben de llegar las ayudas públicas prometidas.

Hoy es el último día del año y lo más triste es la gran cantidad de personas mayores que van a cenar solos en casa por miedo al contagio, sin poder abrazar a sus hijos o nietos al final de las campanadas. Para mí este día del año perdió importancia cuando murió mi madre, con la que cenaba siempre en Nochevieja o Nochebuena. Ella solía decir que todos los días eran iguales y le reñía por eso, pero ahora entiendo por qué lo decía. Me está pasando igual que a ella, quizá por vivir solo y tener que trabajar cada día del año, casi siempre en las mismas cosas. Se llama rutina y solemos caer fácilmente en ella. A veces le preparaba una cena que me ocupaba todo el día y cuando llegaba la hora de cenar decía que no tenía hambre, que le hiciera una tortilla francesa. Era su manera de rebelarse contra el deterioro físico y una situación personal que le impedía sentirse feliz. Para ella la felicidad era algo que solo le ocurría a los demás, y siempre se sintió así, desde niña.

Hoy todo me recuerda a mi madre. Tengo que guisar un pollo de campo en salsa y lo haré al estilo de ella. Era su receta favorita y el plato estrella de cada Nochevieja en casa. También solía hacer huevos rellenos y no faltaba nunca una caja de mantecados o tabletas de turrón del duro y del blando. Pero todo cambió cuando dependía de sus hijos, algo que nunca llevó bien al ser una mujer extremadamente independiente desde muy joven. Los últimos siete años de su vida los pasó en silla de ruedas y acabó aborreciendo la Navidad y todo lo que sonara a fiesta o celebración. Cada petardo que sonaba en la calle en Nochevieja era una puñalada trapera. Con estos recuerdos, que no puedo evitar un día como hoy, es difícil ponerse a guisar el pollo al estilo de Pepa la de Ramona, pero tengo invitados y todo sea por hacer feliz a alguien. Es el último día del año. Feliz Año Nuevo.


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