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El virus que nos corroe

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18 oct 2020 / 09:57 h - Actualizado: 18 oct 2020 / 09:58 h.
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  • El virus que nos corroe

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La frase que nos envuelve y nos debería dejar perplejos no es otra que: "estamos siendo corroídos por la enfermedad de la desunión". Estamos en el camino de la desintegración.

No es la Covid-19 el gran problema, siendo esta pandemia de gran magnitud, nuestra preocupación debería de ser la falta de entendimiento político. Para entenderse es necesario que quien tiene la capacidad de gobernar busque el punto de encuentro entre aquellos que pueden tener una capacidad certera y leal de constituir un gobierno. Por esta razón, quién sea elegido como titular de un Gobierno es el primero que tiene la responsabilidad de buscar el consenso, además de la obligación. Pero la búsqueda tiene que apoyarse en la democracia, en el respeto a la norma suprema de la misma, en nuestro caso y en el de los países democráticos, en lo que se denomina Carta Magna o Constitución. Es ésta el referente que debe de regir las relaciones de las fuerzas políticas. Su marco legal es el espacio en donde las personas que habitamos, en este caso en España, nos tenemos que encontrar. Destruir este espacio reglado de convivencia es el inicio de la desaparición de la democracia y, si la misma sucumbe a intereses particulares y partidistas, podemos tener la seguridad que aparecerán nubarrones cargados de desprecio a todo aquello que suponga vivir con espíritu de común unión.

En las últimas elecciones quedó claro que en España es el PSOE quien recibió el mandato de hacer gobierno y, sujeto al mismo, ha decidido quienes tienen que ser sus socios para realizar el mismo. Es partido de tradición socialdemócrata, al menos en su origen, y esta tendencia política es la que debería de marcar su vocación de servicio. Su responsabilidad es salvaguardar, ante todo, una democracia apoyada en un marco legislativo que hace de punto de unión entre los que habitamos en España. Unirse a los que pretenden acabar con nuestro país es adentrarse en las nubes que pueden destruir, por su fuerza eléctrica, el pilar de la convivencia. El caos que esto nos hará vivir tendrá repercusiones en todos los ámbitos de nuestra de vida. Es sin duda el virus que nos puede corroer.

Es un virus que va actuando poco a poco y cuando nos queramos dar cuenta habrá carcomido el pilar legal que sostiene la capacidad de entendimiento entre quienes formamos parte de España.

La corrosión de la convivencia es la estrategia, siempre ha sido de esta manera, de quienes no aceptan ni admiten que la democracia está basada en el acuerdo marco que un país se ha dado para desarrollar un modo de vida que tiene como referencia el respecto, la libertad, la solidaridad y el compromiso.

Quien ha sido elegido para desempeñar el servicio de Presidente es el que tiene la mayor responsabilidad para que este virus no se propague; por esta razón, atendiendo a la norma que nos marca la Constitución, tiene que buscar el entendimiento con aquéllos que la aceptan y la defienden, porque de otra manera nos puede corroer el virus.

La oscuridad originada por la tormenta puede ser transformada en un fenómeno terrible, por cuanto hace posible que transite hacia un viento huracanado que destruya todo aquello que halle a su paso.

En estos momentos nos encontramos despistados porque estamos en una fase en donde la desunión está cobrando fuerza, la gran mayoría no somos conscientes o no queremos serlo de lo que acontece en nuestra convivencia diaria. Estamos contemplando las nubes que se acercan y no sabemos la fuerza negativa y positiva que éstas pueden tener en su configuración. Pero de la carga existente dependerá la magnitud de la tormenta. Vivimos mirando al horizonte y pensamos que a nosotros no nos azotará la fuerza del agua, del viento y de la descarga eléctrica que las nubes pueden proporcionarnos. Creemos, desde la inocencia, que vivimos protegidos por el escudo de la Constitución y por el marco de la Unión Europea, y por esta razón que las nubes serán de bajo contenido y que nunca llegará el huracán que podrá llevarse el pilar de nuestra democracia. Es la fuerza de este huracán, con vocación destructiva, el que habrá logrado que la común unión deje de existir y la comunión entre las personas ya no sea posible. El virus habrá corroído nuestro mayor valor, la capacidad de generar un espíritu de convivencia, adscrito éste a la Carta Magna.

El virus que nos corroe todavía no nos deja percatarnos de la intensidad de la tormenta que se está fraguando y que inundará de dificultades nuestro modo de vivir.

Contemplar es emocionante; pero sufrir las consecuencias será triste. Tendremos que convivir con la dimensión displicente entre las personas, y esto será destructivo para un proyecto social apoyado en una Constitución solvente y consensuada cuando empezamos, hace más de cuarenta años, el camino de la reconciliación y de la construcción de una España solidaria en donde la territorialidad se entendía desde la común unión de un país y de una nación. El virus que nos corroe está destruyendo esta doble dimensión con lo cual está rompiendo el eje que vertebra nuestra convivencia. La tormenta se encuentra encima de nuestras vidas, y solamente es cuestión de tiempo que se transforme en una huracán que todo lo destruya.

Quien mayor responsabilidad tiene es el que ha recibido el mandato de ejercer el servicio de cohesionar y construir desde la unidad; por esta razón está llamado a entenderse con quienes pueden, de verdad, ayudar a que la nubes se alejen y a que el virus, sí el virus de corrosión, no nos siga dañando.

Entenderse con el Partido Popular y con Ciudadanos es esencial para superar la crisis en la que estamos sumidos, por lo tanto estos tres partidos están llamados a generar una común unión y a recuperar el espíritu de nuestra Constitución. Los ciudadanos no podemos seguir soportando el virus que nos corroe como país porque estamos sufriendo las consecuencias de las primeras lluvias que avisan de la tormenta que se nos avecina. No se puede perder el tiempo en ensayos políticos, que solamente favorecen a los políticos que viven alejados de los principios democráticos que nuestra Constitución fomenta y salvaguarda.

Si el virus que nos corroe lo dejamos avanzar, cuando queramos aplicar el fármaco más adecuado será demasiado tarde y, entonces, viviremos azotados por una tormenta convertida en huracán. La política habrá dejado de ser un ejercicio democrático, la economía estará sometida al control partidista y habrá dejado de ser el motor que ayude a desarrollar el bienestar, las instituciones democráticas habrán perdido el espíritu de diálogo, la libertad será una palabra sin contenido y, toda la población, será, simplemente, un pieza en el tablero de ajedrez que controlará el poder político para sus propios intereses.

El virus que nos corroe debe ser apartado de nuestras vidas. Debemos de contemplar el horizonte con un cielo azul claro y unas nubes blancas que nos generen confianza entre quienes formamos parte de España. Tenemos una gran responsabilidad porque el futuro y nuestro presente tienen un proyecto que construir y debe basarse en la común unión y en la convivencia, la medicina adecuada es ni más ni menos que nuestra Constitución.

David López Royo

Sociólogo


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