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En la oscuridad

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12 jun 2022 / 04:00 h - Actualizado: 12 jun 2022 / 04:00 h.
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  • En la oscuridad

Parece el título de una novela negra, ¿verdad?, pero lo cierto es que se trata de una realidad, más literal que metafórica. Te voy a contar una pequeña experiencia que, si bien trae ciertos matices cómicos, entraña una importante lección. Resulta que hace unos días me encontraba disfrutando en el cumple de mi sobrina Alba (¡felicidades, ya tienes 4 años!), ¡os aseguro que no hay nada para llenar de sentido la idea de «ser feliz» como un cumpleaños infantil! Jugamos, reímos, gastamos bromas, ¡nos lo pasamos bomba en el parque! Antes de despedirnos, fuí un momento a retocarme al baño de un bar cercano ya que mi vestido había quedado «decorado» por la tarta de cumple, pulsé el interruptor de la luz en la entrada, cerré la puerta y dejé el bolso en el picaporte.

Al minuto, la luz se apagó y me quedé completamente a ciegas. Manoteé un poco, esperando que la luz se encendiera hasta que recordé que no se trataba de una luz por sensor, solté una carcajada... El bolso cayó al suelo desde el picaporte ¿tal vez alguien estaba intentando abrir la puerta? «¡Un momento!» -grité, por si acaso- me agaché a tientas para llegar hasta el bolso, ¡lo conseguí! y cuando me impulsé para volver a ponerme de pie... ¡¡Aaaaahhh!! me había dado un fuerte golpe en la ceja, pero ¿con qué? Por fin abrí la puerta, la luz continuaba apagada pero con la puerta abierta se procuró cierta claridad... ¡Me había dado en la ceja con un barril de cerveza! ¿te puedes creer que ni reparé en él al entrar al baño? Sentí la cara mojada, me miré al espejo, la sangre fluía desde la ceja por mi mejilla derecha... Cogí papel higiénico, lo empapé y me lo puse en la herida, repetí la misma operación varias veces ya que el papel se manchaba enseguida... Tardé en salir del baño, me sentí torpe, pensaba: «No es la típica situación que le pasa a cualquiera, ¡esto me pasa a mí!», cuando por fin resolví salir del baño, mi prima Marta enseguida me trajo un trozo de hielo que me dejé puesto como media hora (¡gracias prima!); después nos marchamos, pasamos por la casa de los padres de Alonso y su madre me puso Cristalmina, Mercromina y la tirita que tanto necesitaba (¡gracias Merche!), finalmente, llegamos a casa a la hora de cenar.

«El ruido del bolso»

¿Qué me he llevado de esta experiencia? A parte de una pequeña cicatriz propia de Los Piratas del Caribe y de un ojo un tanto hinchado, este «episodio» me invitó a reflexionar... Y es que cuando estamos en la oscuridad (ya sea en un baño, en tu mente, en una relación, en tu trabajo) lo primero que hay que hacer es aportar algo de claridad, no importa que no sea la claridad total que hubiera procurado el interruptor, con abrir la puerta más cercana se aporta un poco de luz...

Otra lección que saqué de esta «peculiar anécdota» es que es importante ser observador y aún más es no dejarse distraer por aquello que no resulta prioritario, porque cuando vas a tientas, si te distraes, revientas (y si no, que se lo pregunten a mi ceja). Si cuando entré en el baño hubiera prestado algo más de atención a la disposición de las cosas y sobre todo, si en lugar de dejarme distraer por el ruido del bolso al caer, hubiera ido directa a abrir la puerta para conseguir un poquito de claridad, posiblemente hubiera evitado el doloroso topetazo con el dichoso barril de cerveza... Ese «ruido del bolso» que nos despista y nos distrae de nuestras prioridades, se presenta en muchas formas a lo largo de nuestra vida, lo vital es que lo sepamos identificar y reaccionar a tiempo.

Tenlo presente, la próxima vez que estés en la oscuridad, ¡reacciona! Que tu atención no se desvíe de lo principal (aportar algo de claridad), no pierdas tiempo entre queja y queja y si se te presenta «el ruido del bolso»... ¡Acuérdate de mi ceja!


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