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La Tostá

En un patio de la Macarena

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
06 jun 2021 / 09:45 h - Actualizado: 06 jun 2021 / 09:10 h.
"La Tostá"
  • En un patio de la Macarena

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Anoche vivimos en la Peña Flamenca El Carbonerillo, de la Macarena –calle Torrijiano–, un momento que vamos a recordar durante años. Fue una noche para rememorar al guitarrista sevillano Antonio Pérez Galindo, el célebre Maestro Pérez (Sevilla, 1839-1995), uno de los guitarristas de Silverio Franconetti y de los fundamentales del Café del Burrero, que estuvo primero en calle Tarifa y luego en Sierpes. Este gran artista era de San Juan de la Palma, como su compadre el bailaor Antonio el Pintor, y tras una larga carrera de éxito junto a Silverio, José Lorente o el Cuervo Sanluqueño, murió en la calle Amor de Dios, de una indigestión, en 1895. Lamentablemente, Sevilla lo enterró bajo la pesada losa de la indiferencia y nunca más se supo. Tampoco de sus tres hijos artistas, el guitarrista Antonio Pérez León, el bailaor Manolito Pérez y la bailaora Lola Pérez, que fue la mujer del cantaor aloreño Juan el Perote. Además, el Maestro Pérez fue abuelo del Niño Pérez, otro gran guitarrista sevillano olvidado, que grabó discos con Manuel Vallejo y que murió en Madrid. Para recordar al Maestro Pérez, la Peña El Carbonerillo llevó anoche a uno de nuestros grandes guitarristas actuales, Rafael Rodríguez El Cabezas, al cantaor Moi de Morón y a la bailaora Manuela Ríos, que ofrecieron una noche mágica. Rafael es un artista único, capaz de sacar de una guitarra músicas que nos transportan a otras épocas. Estrenó anoche una farruca creada durante el confinamiento, que nos dejó patidifusos. Y acompañó de ensueño a Moi y Manuela, en tarantos, soleares y seguiriyas. Pero en el fin de fiesta y sin que nadie lo esperara, se arrancó la gran bailaora y coreógrafa sevillana Merche Esmeralda, que había ido de mera espectadora, y armó la marimorena con dos minutos por bulerías que quedarán en los anales de esta peña macarena. No se puede bailar con más solera, elegancia y gracia, en unos tiempos en los que se baila dando saltos como monos. Fue uno de esos momentos mágicos que solo se pueden producir en una ciudad como Sevilla, un barrio como la Macarena y una peña flamenca que celebra sus actos en un patio sevillano con limonero.


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