martes, 30 noviembre 2021
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¿Eran insensibles nuestros padres y abuelos al amar la tauromaquia?

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22 nov 2021 / 16:49 h - Actualizado: 22 nov 2021 / 16:52 h.
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  • ¿Eran insensibles nuestros padres y abuelos al amar la tauromaquia?

Espido Freire, escritora, disertó el otro día bajo el título “La elegancia de no ser taurina”, e indicando que «es particularmente refrescante ver a tantos señores en la sala. Estoy acostumbrada a que en los conciertos, en las conferencias literarias y en los clubes de lectura tengamos que ir atrapando señores”. Los taurinos somos gente respetuosa y que escuchamos opiniones ajenas.

La periodista y escritora Rosa Montero, es hija de banderillero, y a pesar de ello ,es «militante animalista». Fue su padre el que le enseñó el amor por los animales. He ido a muchísimas corridas, hasta que crecí en la conciencia por encima de ellas. No creo que los aficionados sean unos sádicos, pero creo en el prejuicio que nos impide ver la realidad. Ese prejuicio que permitió que la esclavitud se mantuviera durante siglos. Afirmando que “de aquí a 30 años no van a existir los toros”.

Cristina Narbona también llamó crueles a los toreros hace años.

Por tanto la tauromaquia ha dado de comer a algunas familias. Don Francisco Narbona, su padre, fue un caballero y un excelente periodista taurino.

Publicó biografías documentadas, de grandes figuras de la tauromaquia, como Rafael El Gallo, en 1948, Juan Belmonte, en 1956, Ignacio Sánchez Mejías, y Manolete, en 1989. Más literaturizada, fue la obra Sangre en la Arena y diferente la de Víctimas de toro en el siglo XX. Su obra más documentada es la historia de la plaza sevillana del Baratillo, La Maestranza y Sevilla, 1670-1992, en la que hace la más fiel recopilación de acontecimientos en el coso maestrante a lo largo de tres siglos.

¿Uds. se imaginan estas señoras un día festivo de matanza? En el que la fiesta estaba asegurada, venían familiares y amigos para ayudar y comer, y donde el momento más deseado era al mediodía, cuando todo el mundo tenía que ponerse alrededor de la sartén para compartir .Acabada la matanza, la casa ya tenía asegurada la despensa por algún tiempo.

Se trataba de una costumbre popular de distintos países europeos, generalizada desde tiempos remotos y realizados de forma artesanal, con diversas diferencias, en función del lugar en que se celebra.

En Cataluña se celebraba hasta en las calles de las ciudades, no solo en el medio rural... Solía tener un lado festivo y de celebración, además del aspecto económico.

¿Matarían estas señoras el pavo de navidad?

Respetemos las creencias y amores de nuestros padres.

Quizás no seamos, intelectualmente, tan superiores a ellos.

El corazón tiene razones que la razón no entiende.


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