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La vida del revés

Es necesario un confinamiento urgente

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14 ene 2021 / 11:25 h - Actualizado: 14 ene 2021 / 11:29 h.
"Opinión","La vida del revés","Política","Coronavirus"
  • Una mujer trabaja en su casa durante el confinamiento. / EFE
    Una mujer trabaja en su casa durante el confinamiento. / EFE

Cuesta trabajo entender qué es lo que está pasando en España respecto a la pandemia que vivimos. O nos hemos vuelto locos y nos da lo mismo morir; o es que somos unos inconscientes y no sabemos ni dónde tenemos la mano izquierda. Tal vez nos confunden los políticos con sus mensajes superficiales, contradictorios y confusos. El caso es que las cifras dejan estupefacto a cualquiera y aquí no parece que esté pasando nada grave. La gente de compras, los ancianos dando un paseíto por el parque (eso si viven lejos del desastre de ciudad en la que se ha convertido Madrid), los niños en el cole y una cervecita por las tardes en una terraza y sin mascarilla. No tenemos remedio.

Nos advirtieron de lo que podía pasar en el caso de sacar los pies del tiesto durante las navidades. No hemos hecho caso. Tal vez porque nos lo dicen con la boca pequeña, sin mucho convencimiento, como queriendo que seamos prudentes sin demasiado cuidado. Los políticos advierten al mismo tiempo que dicen que hay que salvar algo y, así, ellos tienen posibilidad de decir ‘ya os lo dije’ y al mismo tiempo ‘yo he tratado de salvar a los hosteleros, la Navidad, el verano, el Black Friday... Más no puedo hacer por vosotros, mis queridos hermanos’. Es un bochorno lo que pasa en España con la clase política. Y es sorprendente la capacidad de aguante de los españoles.

Deberíamos estar confinados hace ya algún tiempo. Es la única forma de acabar con esta pandemia. Y no lo digo yo. Son muchos los científicos que no entienden qué hacemos caminando por la calle como si tal cosa.

Vamos por partes.

Ayer, se notificaron 38.865 nuevos contagios. Eso representa un 53 por ciento más que el día anterior.

La tasa de incidencia en nueve Comunidades Autónomas es mayor de 500. Desde el pasado 23 de diciembre (el día antes de Navidad) esa tasa de incidencia ha subido un 94 por ciento.

Ya son más de 2 millones de personas (que sepamos; faltan asintomáticos, muertos no contabilizados, gente con la enfermedad que siguió trabajando para poder comer...).

En los últimos siete días se han producido 1.439 muertes a causa de la Covid-19. Son más de 80.000 muertes desde que comenzó a circular con fuerza el SARS-CoV-2.

En los hospitales hay ingresados por Covid-19 alrededor de 18.000 personas; 7.000 más que hace un mes. La ocupación en las UCI’s está a punto de alcanzar el 25 por ciento de su capacidad. A primeros de diciembre era del 9,22 por ciento.

Pero aquí seguimos con medidas parciales que no conducen a ningún sitio. Y, por si fuera poco, son medidas que cambian dependiendo de las Comunidades Autónomas. Diecisiete distintas. Un disparate.

Se cumplen los peores pronósticos. Todo se ha descontrolado por comprar langostinos, ver lucecitas en las calles y abrazarnos todos como si en ello nos fuera la vida. Todo esto nos va a costar un número de vidas que no podemos consentir y menos normalizar.

Eso sí, los políticos ya dicen no ser responsables de nada, que ellos no dijeron eso de ‘salvar la Navidad’, que debió decirlo alguien por ahí, pero que ellos no. Y que si no tenemos cuidado esto no va a parar nunca.

El caso más lamentable de todos se está produciendo en Madrid. La presidenta de esa Comunidad ha aparecido como la salvadora de no sé qué cosa. Y, en realidad, Madrid es un caos absoluto. La segunda ola cedió de forma natural y ella se apuntó el tanto de respetar la economía sin demasiadas muertes. Mentira. Ahora, la tercera ola dispara los contagios en Madrid y ella dice que el Gobierno no manda vacunas (es la Comunidad que menos suministra vacunas y nadie sabe la razón por la que pide más). Sigue sin hacer nada. Por no hacer, está siendo incapaz de gestionar una nevada. Esta mujer es el ejemplo de político ramplón, sin fondo ideológico, puesta a dedo para perder y con una suerte que no se cree ni ella misma. Díaz Ayuso es el ejemplo de lo que no puede pasar. No son pocos los que están a su mismo nivel. Empezando por el presidente del Gobierno.

Pero nada, nosotros a lo nuestro. Aquí no pasa nada.


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