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Esfuerzo frente a éxito o cómo podemos destrozar los valores de los hijo

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23 may 2021 / 09:00 h - Actualizado: 23 may 2021 / 09:55 h.
"Deportes","Opinión","La vida del revés"
  • Esfuerzo frente a éxito o cómo podemos destrozar los valores de los hijo

Si la cultura del esfuerzo queda sepultada por la del éxito, todo puede ponerse en contra, todo puede terminar emponzoñado por completo. No existe estructura que aguante el éxito (y solo el éxito) sin que este se soporte con valores fundamentales para el ser humano.

Ganar y tener la victoria como objetivo último es, a corto plazo, una forma de ve r las cosas que te puede ofrecer una alegría aunque, a la larga, poco puede aportar. El éxito como fin aplasta valores esenciales, aplasta proyectos personales en los que la superación, la disciplina, la cooperación y el esfuerzo son los motores que mueven todo un entorno; el éxito como único fin se convierte en una meta que eclipsa cualquier otra cosa que se encuentre en el camino, que justifica poder abandonar a compañeros en medio de la nada. Además, la cultura del éxito no permite saber perder o poder hacerlo sin que el universo personal de los involucrados se derrumbe sin remedio. Todo lo que se coloca alrededor del éxito como único y principal fin se termina descomponiendo. ¿De qué sirve triunfar si no hay rastro de compañerismo, de empatía o de lealtad? ¿De qué sirve ganar si a cambio se pierde la esencia de un proyecto de un deporte o de cualquier otra cosa?

Tengo cuatro hijos y llevo más de veinticinco años acompañándoles a competiciones de todo tipo. Y siempre he tenido que pasar el mismo calvario: los niños tienen que competir desde muy pequeños como si les fuera la vida en ello. Las frustraciones de los padres se vuelcan sobre los hijos de forma brutal, sin piedad. A muchos se les llena la boca diciendo que lo importante de hacer deporte es adquirir hábitos saludables o asimilar valores como el compañerismo, la empatía, la solidaridad, la lealtad, el valor o la camaradería; pero llegado el momento se tiende a eliminar a los más débiles, a los más nuevos y, si el deporte es mixto, a las chicas. Llegado el momento de ganar (normalmente un campeonato con más nombre que importancia) eso de los valores, del deporte como escuela de vida o lo de todos juntos hasta el final, se difumina de forma grosera. Y lo más grave es que son los padres y los técnicos los que son culpables de que ocurra algo así. Los chavales lo viven de otro modo, sin tanta angustia.

Es falso que lo importante sea ganar. No, lo importante es saber hacerlo, y saber perder, y acompañar a los tuyos hasta el final, y dejar que te acompañen desde el principio. Lo importante es saber que se gana a pesar del equipo y que se pierde todos a una, como un equipo. El amor por un deporte construido sobre el éxito en la competición (y solo en eso) es una fuente de frustración, de disgustos y de esfuerzo sin sentido alguno.

Tener éxito es una maravilla; saber no tenerlo es lo mejor que puede atesorar un deportista. Esforzarse es el pilar fundamental del deporte porque solo a base de entrenar y de perseverar se consigue la plenitud como deportista. Las medallas (que están muy bien) solo son solo la guinda.

¿Qué pasa cuándo el éxito desaparece de la vida de un club o de un deportista? En principio nada. Aunque si todo se ha ido diseñando para conseguirlo, como si fuera lo único importante, el derrumbe está garantizado.

Triunfar es mantener los amigos que hiciste haciendo deporte cuando eras un niño. Triunfar es arriesgar lo que eres a cambio de ser uno con tus compañeros. Triunfar es no dudar si debes contar con todos tus compañeros. Triunfar, también, es ganar partidos y combates y carreras, pero con lo demás en orden.

El deporte es todo lo que no tenga que ver con los padres y su forma de entender el deporte de sus hijos.


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