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Espadas formaliza el giro a la derecha

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06 abr 2018 / 20:17 h - Actualizado: 06 abr 2018 / 23:15 h.
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El pleno extraordinario del Ayuntamiento de Sevilla, exigido por el PP para facilitar la aprobación del presupuesto municipal de 2018, tuvo lugar a mediados de marzo y supuso la confirmación definitiva de la ruptura del PSOE con los grupos municipales de la izquierda que llevaron a Juan Espadas a la alcaldía de la ciudad y su sustitución por pactos con los grupos de la derecha. Un escenario que hace tiempo se veía venir y que, confirmando los peores augurios, constituye un fracaso en toda regla para las políticas en favor de la mayoría social que tanto echamos de menos.

Fuera de duda queda –por más que ahora se empeñen en hacernos ver lo contrario– la responsabilidad mostrada por Participa Sevilla e Izquierda Unida favoreciendo la investidura de Espadas y apoyando con más o menos entusiasmo la política fiscal y presupuestaria durante los dos primeros años del mandato, aunque hayamos podido advertir cómo en algunos momentos les faltó empuje e iniciativa para hacer valer su posición con mayor determinación, y cómo, en algún otro, pudieron pecar de cierto infantilismo a la hora de abordarlos.

En sentido contrario, el PSOE, desde el gobierno municipal, dejó entrever casi desde el comienzo que se encontraba mediáticamente incomodo con la compañía de los grupos de la izquierda y, en cuanto pudo, comenzó a crear las condiciones para «mantenerlos a raya» y buscar nuevas opciones a su derecha. Los incumplimientos sistemáticos de los compromisos de Espadas con Participa y con IU han formado parte de esa estrategia, como lo ha sido el empeño en cumplir rigurosamente los que alcanzaba con Cs y ahora con el PP.

Nos referimos, en consecuencia, no solo a la incapacidad –que sin duda ha existido–, sino a la evidente falta de voluntad política para gestionar lealmente el acuerdo de investidura con la izquierda; una estrategia que tarde o temprano acabaría, como ha acabado, con Espadas dependiendo de la derecha y dando marcha atrás en los tímidos avances que se habían producido durante la primera etapa del mandato.

Es posible que a Espadas le dé resultado el discurso puesto en circulación por el que justifica sus acuerdos con la derecha, en la negativa de la izquierda a pactar, pero ello no le otorga un mayor grado de credibilidad y mucho menos de razón. Es absolutamente constatable que Espadas dibujó con la izquierda unos presupuestos para 2016 y 2017 y luego ejecutó otros bien distintos, precisamente en aquellos aspectos que más los distinguían; después asestó un primer golpe a la progresividad de la política fiscal para contentar a Cs, y ahora acaba de quebrarla definitivamente, de cara al próximo año, para colmar las expectativas del PP.

Resultó humanamente descorazonador y políticamente desastroso ver como el grupo municipal del PSOE asumía en el pleno extraordinario las exigencias del PP en materia fiscal –favoreciendo fundamentalmente a las rentas altas del capital– así como la recalificación y venta al sector privado del antiguo edificio de la Gavidia, para, desdiciéndose de compromisos anteriores, acabar abriéndole paso en lo fundamental a la operación urbanística –de marcado carácter especulativo– que Zoido no fue capaz de llevar adelante y privando a la ciudad de un uso público muy necesario para ese privilegiado lugar. Triste, muy triste y decepcionante fue escuchar las palabras del alcalde para justificar ambas decisiones, bien entendido que con ellas no solo incumplía acuerdos con los grupos municipales de la izquierda, sino que frustraba las expectativas de diversos sectores sociales que confiaban en una gestión más social y comprometida con lo público, a los que también ha tratado y en cierto modo conseguido ningunear.

Perdido este mandato municipal para afrontar algunas de las transformaciones urgentes que requiere la ciudad –mandato que pasará a la historia sin pena ni gloria–, a un año vista de las próximas elecciones municipales, es de prever que tanto la acción del gobierno municipal como de la oposición se pongan, si es que no lo están ya, en modo campaña, mientras quedarán una vez más pendientes y sin resolver asuntos medulares que afectan verdaderamente a la vida de las personas. Mientras tanto nuestro alcalde se vanagloria de sí mismo por su capacidad de «pactar con la izquierda y aprobar con la derecha». Sin más comentarios.

Unas elecciones sobre las que ya hemos escuchado diversas cábalas, lo reconozcan o no públicamente: Espadas, encomendándose a la divina providencia para no tener que verse de nuevo en la tesitura de necesitar a la izquierda, aferrado a la idea de que la división –bastante probable– del voto de la derecha le permita ser la lista más votada y desde esa posición buscar un gobierno con la parte más amable de la misma.

Beltrán Pérez, ya nominado candidato del PP, sabedor de las limitadas posibilidades reales de ganar las elecciones, volcado fundamentalmente en la tarea de no perder la hegemonía en la derecha y desde ahí sumar con Cs, –su oponente más directo en estos momentos– para acceder a la alcaldía.

Millán –que aún no es oficialmente candidato de Cs, pero que lo será–, con el viento de su partido a favor, aunque algo crispado últimamente por el giro pragmático del PP en Sevilla, convencido que obtendrá suficiente rédito electoral como para ser indispensable, indistintamente, en un gobierno con el PSOE o PP.

Y la izquierda, la bendita izquierda, a la espera de no sabemos muy bien qué, ni de quién; con motivos y razones sobradas y de peso para dar la batalla, pero enredada entre mil vericuetos de difícil comprensión dentro y aún más desde fuera. Una situación que no deberían prolongar por más tiempo, salvo que se instalen en la marginalidad y den por definitivamente perdida la oportunidad de influir en el futuro de la cuarta plaza de España


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