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La Tostá

España no merece ya la pena

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
15 sep 2020 / 09:12 h - Actualizado: 15 sep 2020 / 09:14 h.
"La Tostá"
  • Foto: EFE
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Un país que asusta a sus mayores con las pensiones no merece la pena. España no merece ya la pena por muchas cosas, no solo por esto, pero no hay nada más miserable que provocar el pánico en quienes han trabajado toda la vida para que el país avanzara. “Cobrarán más de lo que han aportado”, dicen ahora los sinvergüenzas que viven como Dios a costa del pueblo, con respecto a los pensionistas. ¿Es que solo han dado dinero, una cuota mensual? Pensaba que una persona cuando trabaja cuarenta o cincuenta años como un cabrón aporta mucho más que dinero para tener una pensión con la que malvivir hasta mal morir. Aporta eso, cuarenta o cincuenta años de trabajo, que no es moco de pavo. ¿Qué es más importante, lo que haya aportado a las arcas de la Seguridad Social o cuarenta años de trabajo por la Cultura: doce libros de flamenco, decenas de miles de artículos en un periódico, miles de horas de radio, conferencias y cursos? Por no hablar de mi etapa de panadero, alicatador, sastre, escayolista, empapelador, camarero o calicatero. Miedo me da ir a la Seguridad Social a preguntar cuánto me van a dar para irme muriendo poco a poco en la miseria. Seguramente me va a atender un funcionario con cara de no haber hecho el amor por la noche, porque le van a congelar el sueldo –sí, un gobierno de izquierdas, de los que defienden a los currantes–, así que tendré que ir preparado contra arañazos. Me humillará por no haber cotizado más, como si en eso mandara uno. “Se ha dormido usted en los laureles”, me dijeron un día que fui a preguntar por este asunto de las cotizaciones. No dormía en los laureles, sino en los sacos de harina cuando trabajaba de noche en una panadería, donde me daban trece duros y un kilo de pan diario por hacer el pan de noche y repartirlo de día. Tenía 13 años, o sea, la mejor edad para ser engañado y explotado, porque no sabía ni dónde estaba la Caja Nacional. “Ha enderezado usted cien pestiños, a gorda, cien gordas. Como ha partido ochenta al intentar enderezarlos, son veinte gordas, o sea, dos pesetas”. Ah, me descontaba los que me comía, el miserable, y eso que solo embaulaba los imperfectos. ¿Por dónde iba? Ah, ya. El ministro Escrivá ha dicho que hay que retrasar la edad de jubilación para que podamos seguir manteniendo a tantos ministros y la seguridad de Iglesias e Irene Montero. ¿Le tocará algo este Escrivá al Balaguer, el fundador del Opus Dei? No te entretengas, hombre, sigue con lo tuyo, que desvarías más que Susana Díaz. ¿Ancianos esclavizados y jóvenes de botellona? ¿Esta va a ser la España de la nueva izquierda? ¿Puedo ir ya preparando lo mío?


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