sábado, 04 diciembre 2021
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Esperpentos televisivos

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25 nov 2021 / 04:00 h - Actualizado: 25 nov 2021 / 04:00 h.
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  • Esperpentos televisivos

Cada vez veo menos la tele o, al menos, soy más selectivo en mis gustos que ver en la «pequeña pantalla». No sé si se han parado a analizar lo que hay en televisión pero el panorama, en algunos casos, es desolador.

Por sistema en casa tengo una cadena que nunca veo por qué para chismes y rumores, revestido de un falso y mal cacareado «periodismo», estoy más que sobrado. Programas de cotilleos que se nutren de ellos mismos. Antaño se buscaba la noticia, de hablaba de tal o cual pero ahora no, ahora se buscan las miserias cíclicas de los propios contertulios que rotan, temporalmente, centrando el ojo del huracán hasta que se pasa a otro –que más “barato” y evita demandas al “quedar todo en casa”-.

Como analista televisivo los tengo calados... Ocasionalmente alguien dice «me voy» y está sin aparecer en pantalla un par de meses, no se preocupen, no se van, son exigencias del guion orquestado. Todo muy en plan show de sobremesa que se extiende hasta la noche y cuya trama no cambia demasiado en cuanto a estructura salvo, claro está, alguna noticia del famoso de turno, siendo «la Pantoja» la que parece ser su preferencia. Espectáculos lamentables los que podemos ver y pocos argumentos.

La última polémica fue por el acalorado debate sobre la serie en la que se «retrata» el caso de Rocío Wanninkhof y la inocencia de Dolores Vázquez, simplemente no es admisible que se toleren este tipo de esperpentos televisivos, aunque vivimos en un país casi libre donde cada uno elige en que invierte su tiempo.

A nivel político me asombraba -o no- con Gabriel Rufián, haciendo gala de su habitual desvergüenza y prepotencia, quizás por tener bien atado al Gobierno, y hablando, abiertamente, de cómo desautoriza y evita la inversión en una comisaría de la Policía en Cataluña... Ver para creer y es que «quién manda, manda». Pero... ¿Por qué conceder un minuto de tiempo a estos personajillos? Claro que el ser personaje o «personaje» lo otorga quién lo sostiene y eso es para hacerlo revisar.

Hubo un tiempo en el que me interesaba hasta por programas de misterio en televisión pero ya no merece la pena, el circo también ha llegado a ellos y cada vez me satura más un «malos pelos» hablando de «alienígenas ancestrales» que ve extraterrestres por todos sitios y ya no puede haber muestras de cultura en la Antigüedad que no sean alienígenas, sinceramente satura, cansa. En cuanto a programas más de misterio también satura que en Youtube, por ejemplo, ver sesiones de investigación imposibles o «cursos» de exorcismos que hacen sentir vergüenza hasta al más desvergonzado.

Escucho criticar métodos modernos de investigación paranormal pero observo el desconocimiento total que hay sobre ellos, del falso experto con menos papeles que una liebre que se atreve a hablar de lo que no conoce o, simplemente, que “innova” esperpénticamente en materia de investigación y que hace sonrojarse hasta a los más expertos en parapsicología e investigación paranormal. Las críticas están para los demás pero no para quién critica o cae en el error... ¿Justicia? ¿Objetividad? ¿Imparcialidad? Eso, en muchos casos, no existe en un mundo en «guerra» de celos, pasiones y envidias.

Afortunadamente se salvan programas como los que hace mi buen amigo Lorenzo Fernández, o Daniel Rosado en Doce Tv, o los que intento hacer -con más o menos fortuna- en 7tv. Aunque jamás podré olvidar los que tenían por título «Mis enigmas favoritos» de mi buen amigo Luis Mariano Fernández, una joya.

Se salvan los documentales de La 2 -para quién los vea- o siendo muy selectivo en que ver amén de canales temáticos y televisiones locales que, con mucho esfuerzo, tratan de salir adelante ofreciendo lo que su región tiene que mostrar al resto del mundo, con muy trabajo y no sin entender, el espectador, los desvelos y sufrimientos que hay tras todos y cada uno de esos programas.

Dejo para otra ocasión los programas culturales donde no se si los nervios o el desconocimiento hacen que los participantes de alguno de ellos sean esperpénticos, tanto como el camino recorrido hasta este último párrafo y que sólo es la opinión de este que les escribe. ¿Saben? Siempre nos quedará un buen libro.


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