domingo, 16 enero 2022
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La Gazapera

Faustino Núñez y América en el flamenco

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
02 ene 2022 / 10:21 h - Actualizado: 02 ene 2022 / 10:28 h.
"La Gazapera"
  • Faustino Núñez y América en el flamenco

Siempre dije que hasta que no se pusieran los musicólogos a investigar en serio el origen del flamenco no íbamos a saber lo que sabemos ahora, casi siglo y medio más tarde de que Demófilo nos confundiera con su obra Cantes flamencos (1881), Fernando el de Triana nos contara sus impagables batallitas en (Arte y artistas flamencos, 1935) o Ricardo Molina y Antonio Mairena nos vendieran la moto en Mundo y formas del cante flamenco (1963), obra a la que aún hoy llaman “La Biblia del cante flamenco”. Me refiero solo a estos tres libros no porque sean los mejores de la historia de nuestro arte, que no lo son aunque tuvieran su importancia en su momento, sino porque son los más consultados, sin olvidarnos de Escenas andaluzas, del malagueño Serafín Estébanez Calderón, obra editada cuando ni siquiera existía el flamenco (1847), aunque ya un diario nacional había publicado antes Un baile en Triana (1842), el capítulo más interesante.

Faustino Núñez es un musicólogo gallego (Vigo, 1961), al que el flamenco le debe ya tanto que será difícil que nuestros gobernantes le paguen algún día lo que le debemos todos. Estos días es noticia porque ha lanzado al mercado con Ediciones Flamencópolis, su propio sello editorial, la obra América en el flamenco, un libro de 600 páginas que nos ha tenido entretenido estos días de Navidad y su lectura va para largo porque los libros del compañero gallego no son solo para leerlos, sino para analizarlos con lupa. Algún aficionado me ha dicho en referencia a la obra que no les gusta el título y que hubiera sido más correcto llamarla El flamenco en América. Es que no va de eso, de cómo el flamenco conquistó a los americanos a través de grandes artistas, desde Chacón a Sabicas, sino de cómo influye el nuevo continente en el arte andaluz. Y para eso había que ponerse a trabajar en serio y dedicarle treinta años al asunto, que es lo que hizo el autor.

Repasada la obra minuciosamente, aunque sin haber acabado aún de leer todas sus páginas, puedo decir que estamos ante un trabajo de investigación impecable. Porque se trataba de eso, de investigar en serio, en lo que Faustino es un primer espada de la flamencología contemporánea. No necesariamente hay que estar de acuerdo con sus aportaciones, pero el que se atreva a rebatir algo, primero que se ponga también a investigar. Llevo cuarenta años en ese campo y, sinceramente, siempre me quito el sombrero ante los trabajos de este investigador musical. Y negar que América está presente en el flamenco, como en tantas otras cosas de Andalucía, es negar lo evidente. Esto no significa que el flamenco no sea andaluz, que lo es, y muy andaluz, sino que se gestó con influencias de otras tierras, como no podía ser menos.

Tiempo habrá de analizar en profundidad este libro ya fundamental, pero mientras eso llega, lo mejor que pueden hacer es hacerse con un ejemplar porque es una obra con la que van a aprender sobre los palos del flamenco más de lo que puedan imaginar.


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