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Viéndolas venir

Felicitar a un padre no es un cumplido

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Álvaro Romero @aromerobernal1
19 mar 2022 / 11:52 h - Actualizado: 19 mar 2022 / 11:55 h.
"Viéndolas venir"
  • Felicitar a un padre no es un cumplido

A uno deberían felicitarlo mucho más por sus propias decisiones y conquistas que por lo que le viene dado. Quiero decir que llamarse uno como cualquier santo no es algo meritorio ni sobre lo que uno haya de debatir. Tampoco lo es haber nacido cualquier día, pues a uno lo nacen, sin pedirle permiso. Aquí o allá. Sin embargo, convertirse en padre -y ejercer el cargo- es algo voluntarioso, amoroso y meritorio conforme pasa el tiempo. Más allá de San José -a quien impusieron la Misión desde arriba- los padres de aquí abajo tenemos otras misiones diversificadas. Y hoy es día de que nos feliciten. Porque además es cada día más difícil ejercer de padre. Ser padre puede ser fácil, o casual, carambolesco, por inercia. Hablo de ejercer de padre.

Hoy, con la festividad del padre putativo perdida hace ya muchos años, es el día en el que se focaliza a esa condición especular por el que alguien que tiene inevitablemente padre decide –evitablemente- convertirse en padre. En singular o en plural. Porque quien tiene varios hijos es padre en plural: ejerce repetida y simultáneamente el cargo no durante un día, una temporada, unos años, sino por el resto de su vida. Y además diversamente, porque casi nada tiene que ver ser padre de fulanito que de menganita. Cada hijo, en su personalidad intransferible, requiere de un padre distinto. Y esa mágica capacidad que tienen los padres que ejercen de ser uno y distinto a la vez, nos recuerda felizmente a esa condición epistemológica que nos descubrió Heráclito y que Gerardo Diego versificó tan magistralmente: “Quién pudiera como tú, / a la vez quieto y en marcha, / cantar siempre el mismo verso / pero con distinta agua”. Evidentemente, todo esto también se puede decir de las madres que ejercen. Y por eso también a ellas las focalizamos otro día. Probablemente hubo un día –distinto, azaroso, mágico- en el que un padre y una madre –un día para cada cual- decidieron asumir la única responsabilidad vital por el que deberíamos felicitarlos. Solo por eso el mundo continúa.


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