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Pareja de escoltas

Gozos inmaculistas

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07 dic 2019 / 11:04 h - Actualizado: 07 dic 2019 / 11:05 h.
"Pareja de escoltas"
  • Gozos inmaculistas

No es fácil dejarse abrazar por los gozos inmaculistas que abrían la definitiva puerta de la espera de la Navidad. Todo se ha adelantado tanto; se ha desmesurado hasta tal punto que cuesta trabajo encontrar el halo y la hondura de ese fervor antiguo que escribió uno de sus capítulos más hermosos –adelantándose dos siglos al dogma pontificio- en la Sevilla febril de la Contrarreforma. Conviene mirar un poco más allá de esas luces estridentes y adelantadas que –como los árboles- no nos dejan ver el frondoso bosque de una devoción que ya suma más de cuatro siglos.

La historia merece ser recordada, ubicándola en la pugna entre franciscanos y dominicos en torno a la pura y limpia concepción de María. Si los primeros hacían bandera de la cuestión, los segundos la ponían en solfa. En medio de esa batalla hay que anotar el hermoso gesto de los negros libres Fernando Molina y Pedro Francisco Moreno –hermanos de la cofradía de Los Ángeles- que llegaron a vender su libertad para sufragar los cultos de la Virgen en 1615. Mucho más conocido es el voto inmaculista de los cofrades de Jesús Nazareno que el mismo año juraron “creer, proclamar y defender hasta derramar su sangre si preciso fuere que María Santísima, Madre de Dios y Señora nuestra fue concebida sin pecado original”.

Miguel Cid, hermano de la corporación de la Madrugada, ya había escrito su famosa copla: Todo el mundo en general/ a voces Reina escogida/ diga que sois concebida/ sin pecado original. No puede ser casual que ellos, al cabo de tanto tiempo, sean los custodios de una hermosa imagen que condensa en sí misma la devoción de toda una época. Es la Inmaculada del Alma Mía y procede del desaparecido convento franciscano de San Diego, uno de los primeros cenobios que se habían distinguido en la defensa del futuro dogma. Los avatares del destino llevaron a la comunidad y la imagen de la Inmaculada hasta el antiguo templo antoniano –actual sede canónica de la cofradía del Silencio- donde sigue recibiendo el culto y el mimo de los primitivos nazarenos de Sevilla.


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