jueves, 28 enero 2021
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Los medios y los días

Grave crisis de la democracia

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08 ene 2021 / 04:00 h - Actualizado: 08 ene 2021 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • EFE
    EFE

Estos días toca hablar una vez más de lo malísimo que es Donald Trump estimulando ahora a sus turbas para que asalten el Capitolio y luego, cuando la movida se le iba de las manos, llamando de nuevo al personal para que se portara bien y aceptando su defenestración. Lo correcto es bramar contra el fascismo por aquí, el fascismo por allá, el populismo y demás monsergas que como loros repiten los periodistas correctitos y los contertulios a sueldo de distintos poderes supuestamente democráticos.

A mí eso no me basta, hay que rascar mucho más en lo que está pasando, justamente lo que es reaccionario son los enfoques superficiales. Los medios en su generalidad defienden lo que llamamos democracia porque ahora es lo que más le interesa a la repugnante globalización que persiguen los propios dueños de los medios, una globalización que necesita la democracia porque es el sistema más apto para moverse libremente, destrozando vidas humanas física y psíquicamente, arrasando inmensas zonas naturales para que se alimenten de forma sana los confundidos ciudadanos occidentales que por una parte acusan a España de ser una genocida de los indios de América y por otra les importan un pimiento los que están siendo desposeídos ahora de sus propiedades ancestrales, en América o en otras partes del mundo.

A alguien le viene muy bien un sistema donde las grandes empresas pueden llevar a los tribunales de justicia internacionales a estados o a países por no dejarlas hacer en sus territorios lo que les venga en gana, a alguien les viene bien que los capitales circulen libremente en detrimento de la economía productiva, a alguien le viene bien que cuando los dejan a su arbitrio en lugar de aumentar la inversión privada aumente la especulación y disminuya la clase media al tiempo que crecen las fortunas de una ínfima minoría, a alguien le viene bien que se confunda liberación feminista y homosexual con privilegios y reforzamiento del sistema capitalista, a alguien le va de rechupete jugar al igualitarismo como si fuera una zanahoria con la que engañar a la gente, a algunos les beneficia monopolizar el mercado de las tecnologías, ingresar miles de millones pero pagar una ridiculez de impuestos gracias al lío y la insolidaridad de los países democráticos, a algunos les beneficia arrojar a la basura los saberes históricos y humanistas para convertir al mundo en un lugar habitado por seres con muchos datos entre manos -seres a los que tienen controlados y fichados- pero sin un verdadero conocimiento ni sin una buena cultura de lo que ocurre. Viene bien destrozar valores espirituales para dejar a la masa reducida a un tornillo de un enorme engranaje, todo muy libre, eso sí, a votar cada dos por tres y de nuevo a casa a jugar con el teléfono inteligente.

Todo lo anterior y mucho más está latiendo en el mundo democrático, un mundo asentado en un mito que no cubre las expectativas más elementales de los seres humanos desde hace tiempo, no desde la pandemia que es un sospechoso factor inesperado que ha venido a sacar la porquería de debajo de la alfombra. No, aquí llevamos decenios sin atender las necesidades más perentorias de los seres humanos, llevamos decenios aguantando cómo la izquierda vive del cuento y de la mamela que le proporciona la derecha y su democracia, vive de decir que viene el fascismo pero ella bien que está sin aportar ni una solución válida a lo que ocurre, ha logrado tocar la frustración y la fibra sensible de millones de personas encabronadas con las que no sabe realmente lo que va a hacer. A veces rodea los capitolios del mundo para cubrir el expediente y consumar una de sus poses estériles, logra votos, coloca a algunos de sus militantes dóciles -cada vez hay más- y va tirando.

Todo es una farsa, todos viven a costa de la democracia -partidos, organizaciones empresariales, sindicales, ONGs, miles de asociaciones y entidades caritativas- cuando la democracia es en realidad asunto de un estamento de políticos listos y de una minoría de grandes empresarios engañabobos, el libre mercado sólo es libre para las grandes corporaciones que encima se pelean entre ellas. La libertad no existe para millones de personas sin trabajos dignos, sin hogar, sin horizontes o con pequeñas empresas que fagocitan las grandes.

Los demás miramos y nos asombramos con que una turba de gente se meta a alborotar las estancias de las que han salido corriendo sus señorías en cuanto han escuchado ruidos del populacho. No va a ocurrir nada extraordinario en EEUU pero habrá que tomar nota de lo que hay por debajo en lugar de acudir a los mismos tópicos de siempre, me alegro por los que los impulsan que cobran bien y luego se van a casa con el deber cumplido pero lo siento por todos aquellos que no queremos quedarnos sólo en la superficie de los acontecimientos. A lo peor también nos llaman fascistas los supremacistas “demócratas” por la gracia del dios dinero.


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