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Hasta cuándo

El próximo 1 de noviembre se someterá a votación en la ONU la Resolución contra el bloqueo de EEUU hacia Cuba; una resolución que viene siendo respaldada desde 1992 sin que EEUU atienda el llamado de la comunidad internacional

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27 oct 2017 / 23:13 h - Actualizado: 27 oct 2017 / 23:15 h.
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Los primeros días de octubre, María e Irma, dos terribles huracanes que llegaron a alcanzar fuerza cinco –con vientos sostenidos de más de 260 kilómetros por hora y que por momentos alcanzaron rachas cercanas a los 350 kilómetros por hora– azotaron el Caribe dejando a su paso la pérdida de decenas de vidas humanas y la destrucción de centenares de miles de viviendas, escuelas, centros de salud, líneas eléctricas, cultivos y otras muchas infraestructuras.

Mientras el segundo de ellos se cebaba con Cuba, en un acto lleno de crueldad, el presidente de EEUU, Donald Trump, estampaba su firma para prolongar un año más el bloqueo comercial, económico y financiero sobre la isla, formalmente vigente desde 1962. Coincidían ambos acontecimientos con la decisión de Cuba, en un acto cargado de humanismo, de enviar a los países –algunos de ellos pequeñas islas caribeñas arrasadas sólo unas horas antes– grupos de médicos, hospitales de campaña o brigadas de trabajadores eléctricos. Un acto que días después se repitió con el terremoto de México y más recientemente con el envío de un barco con 300 toneladas de ayuda con destino a Dominica. Una vez más, Cuba ponía en valor el principio de que la solidaridad no es dar lo que sobra sino compartir lo que se tiene; muy lejos de la despreocupación que el propio gobierno estadounidense está practicando incluso con el «estado asociado» de Puerto Rico, materialmente abandonado a su suerte en circunstancias tan difíciles.

Con esta incalificable decisión de Trump de prolongar el bloqueo, junto a otros actos de hostilidad creciente contra Cuba, se aleja lamentablemente la posibilidad de avanzar en el difícil, pero ilusionarte camino emprendido durante la anterior etapa para encarrilar desde el respeto mutuo la normalización de las relaciones entre ambos países. Un camino ampliamente respaldado por la comunidad internacional y, lo que es más importante aún, por la mayoría del pueblo cubano y estadounidense. Pero lejos de ser un hecho aislado las decisiones de la nueva administración de EEUU en política exterior se han convertido en la norma, hecho que está cada vez llenando de mayor desasosiego a la comunidad internacional.

Los anuncios de abandono del Acuerdo de París contra el cambio climático o de la Unesco, la ruptura del acuerdo nuclear con Irán, la persistencia en la construcción del muro con la frontera de México, o el descarado incremento de la injerencia en asuntos internos de los países latinoamericanos y otras zonas del mundo, son quizás de los más relevantes, pero no los únicos, ni a la luz de lo que estamos viendo serán los últimos. Una política unilateral, insolidaria e irresponsablemente belicista que está llevando incluso a buena parte de sus históricos aliados a rechazar muchas de sus decisiones.

En este contexto, el próximo lunes día 1 de noviembre se someterá a votación en la ONU la Resolución contra el bloqueo de EEUU hacia Cuba; una resolución que viene siendo respaldada ininterrumpidamente desde 1992 sin que la administración estadounidense atienda el llamado de la comunidad internacional. Veinticinco años consecutivos en los que cada vez más países del mundo se han ido sumando al rechazo de una política incuestionablemente contraria al derecho internacional y atentatoria contra los derechos humanos, tal como pusieron de manifiesto el pasado año 191 países condenando el bloqueo y pidiendo su levantamiento, dándose la histórica circunstancia de que hasta EEUU por primera vez se abstuvo junto a Israel. Pocas cosas en este mundo convulso generan tanta unanimidad.

Previamente Obama había reconocido la obsolescencia y el fracaso del bloqueo, y sin éxito había intentado que el Congreso estadounidense lo sepultase definitivamente. Las escasas iniciativas por él adoptadas para suavizar algunos aspectos del mismo –algunos ingenuos incluso llegaron a creerse y afirmar que ya no existía el bloqueo–, han comenzado ahora a ser irresponsablemente dinamitadas por Trump. Se cae también por su peso la ridícula cantinela de algunos «analistas» que durante años argumentaron que el gobierno cubano necesitaba del bloqueo para no se sabe bien qué cosas. Las mascaras en este caso se han caído, y a algunos se les han visto las vergüenzas.

Un bloqueo que desde abril de 2016 a junio de 2017 ha supuesto para Cuba un costo de 4.300 millones de dólares y, desde 1962, más de 130.000 millones de dólares a precios corrientes –más de 800.000 millones de dólares teniendo en cuenta la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional–; un daño irreparable e inútil que tiene definitivamente que terminar. Así parece haberlo entendido también Europa al haber dado por concluida otra aberración, la conocida como «Posición Común», impulsada por Aznar en 1996 y recientemente sepultada por el Parlamento Europeo.

EEUU, con el apoyo de su fiel aliado, podrá decir este año en la ONU «digo, en lugar de diego», endurecerá el bloqueo, regresará a la vetusta, desprestigiada y punitiva política de confrontación que dura ya casi sesenta años, mientras que el noble y pacifico pueblo cubano seguirá padeciendo los efectos extraordinariamente negativos de tamaño disparate. El resto de países de la ONU seguirán seguro respaldando un año más la propuesta de Resolución presentada por Cuba, al tiempo que continuaran preguntándose hasta cuándo, y desde este espacio nosotros continuaremos clamando ¡¡basta ya!!


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