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La Tostá

Hasta encontrar tu luz

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
09 sep 2019 / 08:20 h - Actualizado: 09 sep 2019 / 08:30 h.
  • Hasta encontrar tu luz

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Cuando me vine a vivir a Sevilla, en 1973, comenzaba a sonar Camilo Blanes Cortés, Camilo Sesto, un cantante al que adoré durante muchos años y que nunca olvidé. En mis tiempos nos enamorábamos con este ruiseñor de la canción melódica. Creo que me enamoré por primera vez escuchando Vivir así es morir de amor, y El amor de mi vida has sido tú, de su álbum Sentimientos. En la Carretera de Su Eminencia hubo una discoteca, Los Posters, y ahí escuché por primera vez las canciones de este genio español, de los más grandes, sin duda, de nuestra música contemporánea. No hay un solo español medianamente sensible que no tenga en casa algunos de sus muchos discos, todos de éxito. Algunos de mis amigos me criticaban por comprar sus discos, en vez de los de Los Diablos o Los Chichos, pero es que Camilo era el mejor, la mejor voz, el mejor compositor. Ni siquiera cuando descubrí a genios del cante jondo como Camarón, Morente o Lebrijano, dejé de comprar sus discos. Ni el Niño de Marchena tenía los bajos de Camilo, esos tonos de seda virgen que te acariciaban las entretelas del alma hasta arrancarte unas lágrimas. Había un problema con este hombre, que si no te parecías a él no te comías una rosca en las discotecas. Y eso era difícil, porque era feo de bonito. Te podías dejar el pelo como él y vestirte más o menos de manera parecida, pero hasta ahí. Las adolescentes llevaban sus fotografías pegadas en la cartera del colegio. No solo las adolescentes, sino sus madres y hasta sus abuelas. Camilo era la luz para los jóvenes que buscábamos el amor en aquella España que comenzaba a abrir las ventanas para que entrara aire fresco. Su muerte, si es que alguien así puede morir, me ha hecho recordar unos años en los que los jóvenes teníamos la ilusión de estrenar un pantalón acampanado y una camisa celeste que impresionara a las chavalas que iban a los cines de verano.


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