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La vida del revés

Homófobos, racistas y tontos a más no poder

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05 sep 2021 / 08:53 h - Actualizado: 05 sep 2021 / 09:20 h.
"Opinión","La vida del revés"
  • Homófobos, racistas y tontos a más no poder

Asusta el tono que utilizan los políticos al defender su discurso. He dicho discurso y no ideas. No es lo mismo aunque nos lo estén vendiendo desde hace años. Palabras gruesas; expresiones agresivas; insultos; una ironía gruesa que, naturalmente, se convierte en sarcasmo antes de ser pronunciada; frases vacías que enredan el pensamiento de los más ignorantes o de los que solo quieren escuchar un tipo de discurso (es decir, de los ignorantes del todo). Ay, si los políticos tuvieran ideas y ganas de defenderlas hasta el final.

Asusta la agresividad de todos en las redes sociales; la impunidad del que, desde el anonimato, grita falsedades, amenazas o afirmaciones que buscan hacer daño sin aportar ni un gramo al bien común. Asusta cómo nos vamos impregnando de la violencia verbal sin apenas sentirlo y cómo estamos normalizando la agresión física. Homosexuales golpeados sin razón alguna; colectivos de inmigrantes tachados de gentuza o de terroristas (hombres, mujeres, niños y ancianos) y despreciados de forma explícita. Ya nadie se esconde y muestra sus miserias más vergonzosas como trofeos de valor. Hace muy poco tiempo, eran pocos los que se atrevían a confesar que su racismo o su homofobia eran su forma de vida. Ahora, decir que un moro es un mierda, que las femisnistas son feminazis y machuchos, que un gay es un mamarracho, que eso de leer es una pérdida de tiempo, que con Franco se vivía mejor o que Venezuela es un paraíso inigualable, es normal. Asumir como buenas nuestras carencias y presumir de nuestros fracasos es lo que se lleva. Todos somos Bob Esponja.

Asusta cómo somos capaces de evitar involucrarnos con la pobreza, con el dolor de personas que no tienen dónde ir. Ya no se hacen ni campañas en los medios para recaudar fondos para los desprotegidos. Nos importa un bledo si se mueren de hambre los niños etíopes, si las mujeres en Oriente Medio pasan las de Caín o si una DANA provoca daños millonarios en Toledo. Eso sí, lo vemos en redes y lo difundimos para parecer estar informados de maravilla, a la última.

Asusta que nuestra decadencia como civilización sea tan evidente y sigamos jugando a las casitas. Los científicos dicen que el cambio climático es una evidencia aunque si un famosillo de la televisión dice que eso es una parida, nos apuntamos a ese carro y nos quedamos tan pichis. Todo se hunde a nuestro alrededor aunque, si a nosotros no parece que nos toque, miramos a otro lado. Un virus pone el mundo patas arriba aunque nosotros decidimos que las vacunas no son para tanto y las mascarillas un incordio y las reuniones multitudinarias más necesarias que nunca. Y así todo.

Asusta. Mucho. Es una pena que seamos tan limitados y que pensemos que somos unos genios. Es una pena que luchemos de forma virtual y no lo hagamos en la vida real. Una pena y un asco.


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