domingo, 19 septiembre 2021
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La Tostá

Honores a Fosforito en Castro del Río

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
05 sep 2021 / 09:45 h - Actualizado: 05 sep 2021 / 09:02 h.
"La Tostá"
  • Foto / Quico Pérez-Ventana
    Foto / Quico Pérez-Ventana

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Anoche se celebró la primera edición del Festival Mecedora de Olivo, de Castro del Río (Córdoba), en el Patio de Armas del Castillo, que se llenó de aficionados locales y de distintos puntos de España. El maestro de Puente Genil, acompañado por su esposa, la encantadora Maribel, estaba visiblemente cansado porque la noche anterior recibió otro homenaje en la localidad vecina de Cabra. Anoche se abrió el festival con su homenaje y una vez acabado el acto se pudo ir a Puente Genil, pero aguantó hasta el final por respeto a los artistas que tomaban parte en el festival, entre otros, Antonio Reyes y Rancapino Chico. Fue la gran lección de Fosforito, la actual Llave del Cante y la mejor dada. Tarde o temprano, los grandes maestros se acaban yendo, pero el día que se vaya el gran maestro pontanés nos vamos a acordar mucho de él porque con 89 años (Puente Genil, 1932), está en todas partes y dando siempre la cara. Fosforito no solo es el gran maestro vivo que nos queda, sino uno de los más grandes de la historia del cante jondo. Posiblemente el cantaor más sabio, responsable, entregado y honrado que haya existido jamás. Así que estar ayer con él en su pueblo, al mediodía, y por la noche en Castro del Río, era como estar con media historia del cante, puesto que lleva ochenta años de artista. Fue emocionante ver cómo lo trataron los artistas, los cantaores ya citados y la bailaora local Anamarga, además de los guitarristas Diego Amaya, Antonio Higuero y Pepe Roldán, amén del cantaor lucentino Antonio Nieto. Explicar cómo cantaron Reyes y Rancapino es complicado porque fue pura emoción. No hay ahora mismo quien cante con más buen gusto musical que estos dos chiclaneros. Me decía anoche Fosforito que el cante no solo tiene que ser bonito, sino conmovedor, con duende, pellizco y alma. Todo esto lo tienen Antonio y Alonso, el compás preciso, la cuadratura, la carga melismática, la fuerza y la perfecta afinación. El público, algo hambriento de duende jondo, disfrutó de la lindo y hasta vi emocionado a Fosforito con estos dos jóvenes maestros de Chiclana que fueron jaleados y recibidos como auténticos ídolos. Gran parte de cómo salió todo fue por el presentador del festival, Julio Porcel, que supo captar el interés del público y meterlo por lo que ocurría en el escenario. Fue una labor didáctica la suya, sin resultar pedante. Creó el ambiente idóneo para que todos los artistas dieran lo mejor de sí, que no suele ser fácil. El maestro Fosforito no se merecía menos. Y el festival acabó a la una de la madrugada, o sea, a buena hora. Ya en el hotel, cansado y con sueño, aún siento el cante en la piel de Reyes y Rancapino.


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