Informes, expertos y posverdad

Image
17 may 2021 / 07:33 h - Actualizado: 17 may 2021 / 07:36 h.
$hmKeywords_Schema
  • Informes, expertos y posverdad

En el escenario pandémico actual me queda claro que personalmente apuesto por la vacunación y me pondría Anís del Mono si hiciera falta, por el mismo principio de protección personal que por viaje o trabajo recibí las de difteria-tétanos, hepatitis A y B, meningitis, polio, cólera o tifus, por pensar e intentar creer en la solución colectiva a la actual tragedia, y -sin que sea un hecho menor- porque con ello podamos recuperar parte de la libertad que hemos perdido.

A partir de ahí y en el mismo sentido que me he expresado en estos largos meses de pesadilla, dudo y cuestiono la información que recibo como principio legítimo y metódico, aceptando el error si me equivoco o aportando certeza si la afirmación se consolida. En una polarización social acentuada, se me hace igualmente ingenuo (por no decir otro término), tanto el negacionismo vacío y automático como el seguidismo del credo oficialista y perfectamente rumiado, sin que por ello caiga en la indolencia posmoderna del pensamiento débil y su dispersión racional. Ya sé que Belén Esteban se está planteando el salto a la política y/o actuar de tertuliana con Carlos Herrera (curioso paralelismo ideológico), pero voy a tratar de explorar otras vías para el sosiego interno, sin darle muchas vueltas a la amplia población seguidora de estas tendencias.

No nos dispersemos, estamos en fase vacuna y ya somos “expertos” en lo que los “expertos” nos indican. El ciudadano preocupado e interesado trata de visualizar marcas, efectos secundarios, precios, franjas de edad, controversias, plazos y aplazamientos variados que sin que tenga que recurrir a otra información más peregrina y marginal, pudiera parecer un panorama algo opaco en el discernimiento del ámbito científico y la multiplicidad de informes y opiniones. En realidad, si revisamos todo el proceso vivido, no sé si es un problema de falta de pedagogía internacional o un auténtico vergel de medidas y disposiciones dispares dependiendo del lugar de residencia, en casi una suerte de ensayo y error. Pero vale, sin problemas, aceptamos y confiamos lo que nos digan las autoridades competentes, aunque cualquier derivación o perjuicio posterior quede con una garantía etérea.

Voy a por algo más sólido. Desde determinados sectores y algunos posicionamientos gubernamentales se ha pedido liberar las patentes a escala mundial en lo que parece una medida obvia en beneficio del pretendido bien común de la humanidad. No veo un clamor popular en el alarmista machaque mediático diario y sí que se ha levantado en armas el sector industrial afectado, que junto a sus accionistas ven peligrar los márgenes pecuniarios a consta de la miseria humana. Puedo imaginar las reuniones de sus directivos/as meditando entre difundir el conocimiento y salvar vidas, o apretar un poco más las tuercas para sacar más jugo al proceso.

En un informe de Médicos Sin Fronteras sobre vacunas y patentes (revista 121 https://www.msf.es/actualidad/publicaciones ) se indica que “La financiación de las vacunas candidatas ha sido en gran parte pública, procedente de fondos de Estados..., universidades y otras entidades sin ánimo de lucro.” En concreto aparecen GlaxoSmithKline y Sanofi Pasteur con 1.740 millones de euros, Novavax con otros 1.740, AstraZeneca y la Universidad de Oxford con 1.400, Johnson & Johnson y Biological E con 1.250, Moderna con 800, y Pfizer y BioNTech con 370 millones de euros. Supongo que algunos de mis colegas y partidarios del actual modelo universitario llamarían a esto “transferencia del conocimiento”, o traducido en román paladino (y como se ha hecho con la banca, autopistas de pago o aerolíneas privadas entre otras), el riesgo se socializa y los beneficios se privatizan.

Que las farmacéuticas se consideren entidades filantrópicas promueve hilaridad mezclada con ira al 50%. Como todos los ámbitos beneficiados de esta crisis (comercio electrónico, operadoras de comunicación, banca, equipos informáticos, educación online, etc.), me da que todo encaja perfectamente con la máxima de cosecha propia: “donde hay poder...mucho poder...se miente; donde hay dinero...mucho dinero...se hace lo más indecente y necesario para que ese proceso no se detenga.” Como la mayoría tenemos un margen de actuación colectivo mínimo, volvemos a la teoría del shock permanente en forma de indefensión aprendida, en esa fatídica mezcla entre neodictadura digital que muchos desean y una profunda discapacidad moral en forma de pensamiento débil y crónico.

En las universidades algunos hemos pretendido e insistimos en demostrar la implantación social y generalizada de este tipo de procesos de verdades no discutibles, de verdad resignificada o posverdad. Podría decirse que el término ciencia empieza a ser un engrudo moldeable que en función de los amos y protectores de ese saber, dictamina la diatriba entre lo absoluto y lo relativo según convenga. Las reformas de la educación superior de las últimas décadas pusieron al servicio del mercado y los intereses privados la veracidad del propio conocimiento, empezando por el control y negocio de las publicaciones indexadas o de impacto, que en definitiva deciden lo que es válido y lo que no.

Ese espacio común para la corruptela del intelecto, permite que si por ejemplo eres un historiador revisionista en un proyecto financiado por tal o cual empresa germana, podrías dulcificar la participación de aquella en la construcción o financiación de la construcción de una cámara de gas, o si eres un buen economista-asesor financiero y promotor del neoliberalismo salvaje, siempre te quedará la ingeniería fiscal para encumbrar a tus millonarios clientes, mostrándolos como grandes donantes de la humanidad si fuera preciso. Los ejemplos se multiplican en todos los ámbitos de tal forma que a mayor altura en el escalafón, más cerca se está de traicionar principios éticos fundamentales, y más fácil estirar la justificación de cualquier acción.

Repasando un poquito la historia no parece descabellado pensar que los gobiernos y el poder tras ellos nos mienten con cierta frecuencia: iniciamos guerras a bombo y platillo donde mueren nuestros hijos por armas de destrucción masivas que luego no aparecen; se derriba un Boeing 777-200ER con un misil 9M38 de un sistema Buk-TELAR, para luego decir que unos uniformados que no son soldados de tu país lo compraron en la ferretería y aprendieron a manejarlo en un tutorial de internet; no creo que el 55 de la calle Savushkina en San Petersburgo sea una invención conspiranoica y su personal se dedique a comentarios de textos del Siglo de Oro español, como tampoco veo de inventiva delirante la denuncia a que los recursos básicos alimentarios e hídricos de buena parte de la humanidad estén en manos de intereses bursátiles especulativos.

Volviendo al omnipresente COVID, la petición de explicaciones por parte de la OMS sobre el origen y expansión del virus a China (donde la disidencia simplemente no existe), no es que hayan sido muy esclarecedoras o vayan a serlo en un futuro. Quizás pensamos que el mundo es una película de Walt Disney, pero cualquier historiador y analista de geoestrategia y arsenales militares NBQR puede hacer un repaso puntual y temporal sobre el empleo de estas armas y su secretismo institucional. Si algún lector está interesado en relatos de terror realista, recomiendo indagar sobre el no muy lejano Escuadrón 731 o Laboratorio de Investigación y Prevención Epidémica del Ministerio Político Kempeitai (1935-1945), que deja a los nazis casi en pañales. El ataque biológico es el más complejo en su acción y control, pero la tecnología e investigaciones actuales simplemente multiplican las opciones. No hablamos de elucubración fantasiosa, sino de terribles cartas que están sobre la mesa de quienes pueden usarlas. Insisto, las conexiones de fenómenos complejos con aparente simplicidad en su aparición y desarrollo, suelen responderse indagando en los beneficiarios de los resultados. Terrible tiempo el presente en el que la incertidumbre se convierte en el eje de nuestras desdichas e inacción.


Edictos en El Correo de Andalucía Empleo en Sevilla