miércoles, 22 septiembre 2021
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Viéndolas venir

Inglaterra tiene que empezar por el principio

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Álvaro Romero @aromerobernal1
12 jul 2021 / 10:38 h - Actualizado: 12 jul 2021 / 10:41 h.
"Fútbol","Viéndolas venir"
  • Jugadores ingleses tras recibir la medalla como subcampeón. / E.P.
    Jugadores ingleses tras recibir la medalla como subcampeón. / E.P.

El generalizado gesto de los jugadores ingleses quitándose la medalla de subcampeón de la Eurocopa no solo supone un triste colofón para la competición en el país que inventó el fútbol, sino un despreciable ejemplo del fútbol profesional para la savia nueva que alimenta el fútbol todos los días.

Inglaterra, que ensayó su deporte más internacional en los descansos de nuestras minas de Río Tinto, como la poesía nació en las pausas del duro trabajo en otros tajos, debería empezar por el principio del todo, que no es aprender a ganar, sino a perder. Saber perder es el afianzado comienzo que esculpe la dignidad no solo de todo deporte, sino de la vida misma. Y si una selección tan importante como la del país anfitrión demuestra al final de todo el campeonato que desprecia la condición de subcampeón, que ha sido la suya, y que no ha aprendido aún, pese a todas sus supuestas profesionalidades, a perder con la cabeza bien alta, es que, en rigor, no ha aprendido nada.

El problema de fondo no es el caso en sí de lo que todos hemos visto con vergüenza ajena por televisión, sino que millones de chicos y chicas en todo el mundo se miran, inevitablemente, en el espejo de esta y otras selecciones similares, con razón. El aprendizaje inexorable que se deriva del gesto de anoche se retroalimenta con el modus operandi de tantos padres como se están cargando la esencia del deporte por la base. No hay más que asistir a ciertos entrenamientos y a ciertos partidos infantiles para comprobar en directo el lamentable comportamiento de ciertos padres que inculcan en los más pequeños lo que anoche vimos a nivel global: que o se gana o nada vale para nada. Y ese es el primer mecanismo de una bomba de relojería que los responsables de las competiciones internacionales tienen la responsabilidad de desactivar antes de que sea tarde.

Tiene que haber una sanción ejemplar a ese gesto de anoche de la selección inglesa que humilla al fútbol mundial. Y pronto. Porque un partido no termina con el último pitido del árbitro, sino con la lección que se desprende a continuación de todos sus protagonistas.


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