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Albatros

Inversiones

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Jesús Ollero ollerista
08 ago 2021 / 13:18 h - Actualizado: 08 ago 2021 / 13:25 h.
"Infraestructuras","Inversión","Albatros"
  • Aeropuerto de El Prat. / EFE
    Aeropuerto de El Prat. / EFE

En España estamos llegando a un nivel de estupidez de tal calibre que la representación máxima de la segunda ciudad del país, una de las más cosmopolitas, vanguardistas y abiertas de toda Europa, habla de deslealtad y chantaje por el acuerdo entre los gobiernos nacional y catalán para invertir 1.700 millones en ampliar el aeropuerto de El Prat y, cuidado con esto, conectarlo mediante AVE a los otros dos aeródromos comerciales catalanes. Y cuidado con esto otro. El proyecto, aún con todos los detalles sin escrutar al milímetro, se prolongará hasta 2026 suponiendo 83.000 empleos directos y 365.000 indirectos (previsión del Gobierno de Sánchez, cuidado ahí también). Deslealtad y chantaje, dicen. Le sumas eso de ‘Espanya ens roba’ y se te queda una cara de gilipollas que no te la quita ni el atún de Antonio.

Habla la alcaldesa para justificar su rechazo al proyecto del impacto ambiental y, con notable esfuerzo por mi parte, puedo entender que pida ciertas garantías, aunque los números antes indicados son tan potentes que cualquier pega se antoja pueril. Pero no deja de ser coherente con su línea de actuación, muy restrictiva con el turismo masivo en Barcelona. Y no deja de ser sospechosísimo el acuerdo, que además ha tapado notablemente otra inversión millonaria en Barajas (1.600 millones de nada) que seguramente será necesaria, pero también lo son múltiples inversiones por todo el país que nunca llegan. A Madrid y a Cataluña llegan, ya lo creo que llegan. Y al País Vasco, que no hay nada como viajar para ver las estupendas autopistas de tres carriles y los innumerables y enormes túneles que atraviesan. Que no digo que no fueran necesarios para sortear su compleja orografía, pero por aquí abajo hay cosas que nunca llegan, y somos demasiados a repartir para lo que nos llega.

El razonamiento de la aportación a las arcas del Estado hágase también ponderando el salario medio, que igual nos llevamos una sorpresa. Y que cuanto más se invierte donde hay dinero y menos donde no lo hay más se agranda el desnivel es un axioma que no tolera la menor discusión. Por no hablar de la competencia fiscal desleal de Madrid, los cariños a Cataluña y los privilegios económicos de País Vasco y Navarra. Que el resto proteste importa cero. Somos unos subvencionados. Tendremos que dar las gracias...

A mí me encantaría que Andalucía no tuviera que depender de un turismo masivo, pero resulta que la industria y las inversiones nos tocan de refilón en el mejor de los casos, sobre todo en comparación con las regiones más desarrolladas del país. Basta ya de comparar las necesidades de Andalucía con las de otras zonas menos favorecidas, como Extremadura, tierra que tiene todo mi cariño, admiración y disfrute (porque la frecuento) y cuya eterna carencia ferroviaria es una vergüenza indiscutible y un fracaso como país. Andalucía, con casi 9 millones de españolitos, no puede estar peléandose por inversiones puntuales y con todas sus capitales mirando con recelo al vecino.

Se me ocurren muchísimas cosas en las que dedicar los 1.700 millones de los que recela Colau y los 1.600 que, de puntillas y ya que estamos, le van a caer a Barajas. La SE-40 parada, ni túnel ni puente (total, ya se desvió el tráfico de mercancías y turistas por la A-4). El Metro de Sevilla nos da pena y no risa porque no estamos para bromas. La no conexión San Pablo-Santa Justa es sonrojante. Y podríamos seguir hasta aburrirnos en todas y cada una de las provincias andaluzas. Apostar por el Corredor Mediterráneo que permita redimensionar el puerto de Algeciras parece, como mínimo, tan relevante como la ampliación de los aeropuertos de Madrid y Barcelona, pero... El sur de España está tan olvidado que escuchas a Colau y te dan ganas de decir ‘escolta tu, aquí volem aquests diners’, aunque tengamos que acomodar a los turistas que la alcaldesa no quiere.


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