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Isabel Pantoja, Kiko Rivera, la televisión basura y un pueblo paleto

Que los españoles estén pendientes de lo que Isabel Pantoja ha hecho con la herencia de su marido o de lo que su hijo Kiko Rivera está dispuesto a hacer para hacerse con la pasta, dice mucho de un pueblo que insiste en anclarse en el fango

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16 nov 2020 / 09:39 h - Actualizado: 16 nov 2020 / 16:37 h.
"Opinión","Televisión","Isabel Pantoja"
  • Isabel Pantoja. / EFE-Archivo
    Isabel Pantoja. / EFE-Archivo

Somos un pueblo paleto y cotilla. Sí, nos gusta saber lo que se cuece en la casa ajena, nos hace disfrutar el drama que viven los famosetes de pacotilla que tenemos en nómina, y nos gusta, mientras asistimos al espectáculo, comer un bocata de chorizo picante. Nada de libros, nada de música clásica, nada de teatro, nada de cualquier cosa que nos exija mínimamente.

Somos un pueblo que no sale de detrás del visillo. Ahí nos puso el nacionalcatolicismo y ahí seguimos. Mirando, criticando, inventando, maldiciendo. Es una vergüenza que muchos españoles dediquen su tiempo a semejante disparate.

La buena noticia es que de los casi 47.000.000 de españoles son dos o tres millones los que siguen (en el mejor de los casos) esa basura televisiva dedicada a destrozar vidas. Nunca antes la televisión había tenido forma de trituradora de personas. Y, si el destrozo es monumental, las audiencias suben hasta máximos.

Parece ser que Isabel Pantoja y su hijo están teniendo sus más y sus menos en televisión. O que el hijo es el que está diciendo cosas que deberían resolverse en el juzgado. Pero como estamos en España, mejor le damos la oportunidad de ganar unos miles de euros antes de demandar. Somos muy majos los españoles. También sale beneficiada la cadena de televisión que suma varios millones de euros a sus ingresos. Somos muy, muy, majos los españoles.

Por si era poco el espectáculo, en la cadena de televisión no se han andado con tonterías y han metido en el ajo a la hija de Isabel Pantoja. Ella, que se las prometía muy felices participando en otro programa lúgubre para la inteligencia, ha sufrido un ataque de ansiedad al enterarse de la que se está liando. El presentador Jorge Javier Vázquez parece disfrutar con ese retorcimiento tan tóxico que Dios le ha dado.

Y, mientras, la gente muriendo en los hospitales. Y, mientras, los inmigrantes que tratan de llegar a la costa española muriendo en el océano. Y, mientras, nuestros niveles académicos (niños y jóvenes de toda España) por los suelos.

Queremos seguir siendo un pueblo paleto y cotilla. Queremos seguir siendo los que sirven copas a los extranjeros por si nos dejan una propinilla jugosa. Creemos ser un pueblo indomable cuando, en realidad, somos dóciles como ovejitas. Con algo de televisión basura tenemos de sobra. Menos mal que solo son dos o tres millones los que siguen haciéndonos parecer un pueblo patético. Menos mal.


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