domingo, 16 mayo 2021
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Viéndolas venir

Isabel y Pablo

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Álvaro Romero @aromerobernal1
05 may 2021 / 07:37 h - Actualizado: 05 may 2021 / 07:38 h.
"Viéndolas venir"
  • Isabel y Pablo

No hace demasiado que estos dos muchachos discutían sobre modelos políticos y luego se iban de cañas. Pocos años después, las carambolas de los aparatos políticos los catapultaron a la primera división de esta política española que ya funciona a golpe de eslogan zafio, parcial, mentiroso. O estás con el comunismo o estás con la libertad, te dicen. En la otra acera, insisten es que o estás con la democracia o estás con el fascismo. Y las grandes palabras se vuelven conceptos vacíos para hacerlos sonar como maracas. En fin. Lo único cierto es que las urnas estaban vacías ayer por la mañana y acabaron bastante llenas al final de la jornada.

Quizá la mejor noticia de esta noche electoral madrileña que tanta lectura aporta a la nación ha sido que ni la derecha va a necesitar a la extrema derecha ni la izquierda va a necesitar a ese extremo que se creía imprescindible y que, llegadas las vacas flacas, se va por una gatera intentado hacerles ver a sus seguidores que es un acto de heroísmo. Encima.

En medio, desaparece como si nunca hubiera existido ese partido que vino a representar la centralidad pero que se desinfló en una fiebre de personalismo que descubrió su vacío ideológico.

Quienes se sacudieron a tiempo el sarpullido del sumo sacerdote han crecido considerablemente, y tienen ahora la responsabilidad de responder por ello. El profesor Gabilondo, que no tiene carisma fuera del aula, ha dado un batacazo histórico que vuelve a poner el foco en qué pasará cuando un partido tan histórico como el socialista descubra que sus líderes van desnudos.

Y más allá de los discursos consabidos, la gente -aquí, en Pekín e incluso en Madrid- vota lo que le da la gana. Así que las milongas, para las reflexiones internas de cada partido. Hoy en cada uno de ellos se hilvana una larga parrafada para la propia dignificación: el que ha ganado cree que lo merece a pies juntillas sin cuestionarse otros factores en la pobre realidad que sufrimos; los que han perdido creen en la ceguera de la masa, en la manipulación de los medios y del Espíritu Santo. La culpa siempre es de todos, excepto de su propia incapacidad para generar ilusión en sectores que soñaron con que se las generaran. Qué más hubiéramos querido, Pablo. Ten piedad de la otra mitad de Madrid, Isabel, parece suspirar esa otra inmensa mayoría de españoles que hoy van estresados al trabajo, otra vez como recién salidos de un naufragio de sangre, mientras la democracia concentra sus fiestas, que pagamos a escote, claro.


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