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Israel Fernández o el arte de hacer malabares con la voz

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
17 oct 2020 / 09:57 h - Actualizado: 17 oct 2020 / 10:40 h.
"La Gazapera"
  • Israel Fernández o el arte de hacer malabares con la voz

Por lo que he escuchado del cantaor toledano Israel Fernández, comerá del arte. Estamos en una época del cante de buenos copistas, y él lo es. Es capaz de bordar una bulería de Camarón o un fandango de Manuel Vega El Carbonero. Es frío como un témpano, pero tiene unas enormes condiciones para cantar lo que quiera, y el flamenco lo domina. Canta desde niño, siendo lo que llamamos un niño prodigio que a los 12 años ya decían de él que era “un nuevo Camarón”, y se dejó querer. Se puede imitar a Mairena o Caracol y no te mandarán a picar piedras con grilletes en los pies, pero si calcas a Camarón serás un camaronero para siempre.

Este chaval de Toledo tiene un don para cantar por tal o cual cantaor o cantaora, y lo mismo le mete mano a Antonio el Chaqueta que a la Niña de los Peines. Podría ganar todos los concursos de imitaciones. ¿Tendrá algún día un estilo propio? Por supuesto que sí. Todos los grandes cantaores, sin excepción, comenzaron imitando a sus maestros o referencias y acabaron siendo imitados: Silverio, Chacón, la Niña de los Peines, Manolo Caracol, Pepe Marchena, Antonio Mairena...

En el flamenco tenemos la manía de comparar con alguien a todo el que sale cantando y a este joven y buen artista ya lo han comparado con Camarón. Y a Rosalía con la Niña de los Peines. Recuerdo cuando Félix Grande dijo aquello de Miguel Poveda, recién conquistada la Lámpara Minera de La Unión: “Es un Camarón blanco”. Y ya ven en lo que ha quedado, en un buen cantante aflamencado que llena grandes auditorios y que gana mucha pasta. Y que tiene más palmeros que un tablao de la costa de los setenta.

Llevamos décadas buscando una nueva voz en el cante jondo y a lo mejor es Israel Fernández. Desde luego, es el momento de que cuaje porque el cante está de pena. Sé que esto va a doler, pero jamás ha habido una etapa tan mala de cante como la actual. Hay mucha gente que canta bien, pero nada más. Israel tiene una fijación por la etapa que va desde los años 20 a los 50 del pasado siglo y en Universo Pastora, su último cedé (2018), dejó claro de por dónde quería ir. Demostró que era capaz de calcar a Pastora y a Tomás, y eso era ya un aviso.

En noviembre va a presentar Amor, su nueva obra, en el Teatro de los Remedios, con muchas entradas vendidas. Se hace acompañar por el guitarrista jerezano Diego del Morao, hijo de llorado Moraíto Chico, y forman un binomio curioso. Son parte del futuro de nuestra música más universal. Llevan a miles de jóvenes a sus conciertos por toda España, y en los jóvenes está el futuro de un arte que nunca se ha estancado, aunque rindamos tanto culto al pasado.


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