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Desvariando

Israel Galván en el circo de la Bienal

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
04 oct 2020 / 10:03 h - Actualizado: 04 oct 2020 / 10:06 h.
"Desvariando"
  • Israel Galván en el circo de la Bienal

Un día va a salir Israel Galván al escenario, se va a sentar en un váter a leer el Marca, tirará de la cisterna a la hora y media y el teatro se vendrá abajo. Y la crítica de Sevilla lo pondrá como genio irrepetible del baile. Es un talento del flamenco, sin duda, aunque cada vez menos flamenco. He visto algunas partes de Gatomaquia, su última obra, presentada el pasado día 2 en la Bienal, y no entiendo que un creador, el “Creador”, con mayúscula, según la crítica, solucione una obra con retales y un poco de cara de granito de Gerena. Hace siglos que no le veo cosas nuevas al artista de la Puerta Osario y tiene 47 años, si no me equivoco porque escribo de memoria. ¿Qué hará cuando tenga 60? Morente, con esa edad, solía meter retales, cosas que le habían sobrado de otros discos. Eso, y se lo dije, era señal de agotamiento, y es lo que creo que le pasa a Israel Galván: que está algo agotado y empieza a vivir de las rentas. No es que sea malo, porque hay que agradecerle grandes obras y a lo mejor habría que darle una super paga del Estado y ponerle un monumento de adobo en su barrio. Israel creó veinte o treinta poses y vive de ellas desde hace años. Si yo fuera director de la Bienal, que un día me lo insinuaron y salí corriendo, no le compraría cualquier cosa a este genial artista, que no genio, porque los genios cambian un arte y él no ha cambiado nada. ¿Quién sigue su escuela, de tenerla? Es un fenómeno, qué duda cabe. Recuerdo que una noche en Ávila bailó una seguiriya y me cambió los esquemas del baile totalmente. Todavía tenía algunas luces. Al poco tiempo empezó a querer contar historias y a aburrir al público. Yo le daría tres o cuatro espectáculos en la próxima Bienal para que contara la historia del baile de Sevilla, desde Miracielos, el del cuello doblado, el Pintor y su hijo Lamparilla hasta Farruco o su propio padre. Dinero, todo el que quiera, pero no para quedarse con el pueblo, como en Gatomaquia, sino para que dejara de vivir de las rentas y bailara, de una vez, flamenco. Sevilla necesita que un fenómeno como él, con un talento único y ese punto de Fofó que me encanta, se pusiera a trabajar para evitar que la capital andaluza acabe de comparsa en un arte que prácticamente inventó un sevillano, Silverio. Me gustaría ver bailar a Israel en el Café del Burrero o el señor Franconetti, emborracharse con la Carbonera y la Escribana, poner firme al Maestro Pérez, que era un cachondo, o cantarle las cuarenta a la Peñaranda por consentir que los curas le llamaran “desvergonzada” por cantar malagueñas en un café. Que le deje los animales a Andrés Marín y haga algo por Sevilla. Que se deje de retales y demuestre que es el genio que dicen que es. Que baje de nuevo al albero a dar los veinte reales del duro de los grandes toreros y no a llevárselo calentito aprovechándose de un director que está ya para manta caliente y consomé con yema de huevo.


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