J’accuse...! la enseñanza virtual como caballo de Troya

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20 may 2020 / 13:07 h - Actualizado: 20 may 2020 / 13:09 h.
"Tribuna"
  • J’accuse...! la enseñanza virtual como caballo de Troya

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Como docente y ciudadano acuso y me dirijo a las distintas autoridades académicas, responsables políticos y sectores económicos beneficiados, que aprovechando el contexto de emergencia y noqueo social, pretenden implantar un modelo de educación no presencial como panacea necesaria y definitiva. Describo en apuntes lo que está siendo una campaña mediática y metódica que oculta e impone teorías destructivas de los principios básicos para una educación pública, emocional y crítica. Distíngase de la validez de un tipo de enseñanza no presencial que existe para las situaciones pertinentes que implican imposibilidad de asistencia física (incompatibilidad laboral, insularidad, reclusión, riesgo sanitario...).

El ministro de Universidades señor Castells, insulta a los docentes que defendemos el rigor evaluativo ante las dificultades de exámenes virtuales, con el apelativo de “pedagogía autoritaria”. Afirma que si los alumnos “copian bien y lo interpretan inteligentemente es prueba de inteligencia”. Bajo esa premisa habría que felicitar a los asesores que permiten ingeniería fiscal para no pagar impuestos o evadir capitales, y encumbrar a los ciudadanos que sean capaces de falsificar titulaciones o mentir para conseguir una plaza pública (al estilo Luis Roldán o los últimos escándalos académicos en políticos actuales).

Su infame actitud tiene un trasfondo mucho más grave al plantear de manera sibilina una reforma universitaria de marcado neoliberalismo, que por el momento le han parado los sindicatos. Propone grados universitarios que pasan de 4 a 3 años, lo que implica másteres de 2 años, la verdadera y encarecida pasarela a un puesto cualificado. Su propuesta de digitalización es beneficiaria a sus intereses y experiencia particulares en la Universitat Oberta de Catalunya, y esconde lo que ya se empieza a denominar una universidad para pobres en forma de subproducto virtual masificado y básico, donde el factor competencial será una simple formación instrumental y utilitarista. Por contra las élites seguirán disfrutando de propuestas formativas completas, personalizadas y encaminadas a la conformación de ocupar puestos de liderazgo en todos los ámbitos.

Es un regalo para la derecha neoliberal, en una sociedad que saldrá mucho más empobrecida de esta pandemia. Lo más asombroso es que su cargo viene apoyado por la señora Colau y por Unidas-Podemos, en este confuso cogobierno de supuesta izquierda que empieza a tener un componente esquizofrénico en sus ideales, aunque lamentablemente coherente con una trayectoria de un modelo de universidades privativo y acrítico como fue la reforma del Plan Bolonia que algunos intentamos parar. Les recomiendo el excelente artículo La Universidad vaciada de Carlos Fernández Liria para comprender mejor la gravedad del asunto.

Desde el Vicerrectorado de Profesorado de la Universidad de Sevilla a la que pertenezco, se han apresurado a una autofelicitación con cifras rotundas de anuncio de dentista, donde teóricamente más de 3.500 asignaturas se están impartiendo totalmente on-line, y sólo menos del 0,2% no podrán adaptarse, faltando casi publicar el nombre de estos docentes y colocarle una coroza y sambenito inquisitorial en plaza pública. Medias mentiras, como en mi caso muchos hemos intentado una adecuación del programa de la asignatura, simplificando contenidos y procesos metodológicos, pero siempre en aras de la excepcionalidad de la pandemia y con el objetivo del menor perjuicio para el alumnado. No confundir con una transformación operativa y real.

La idílica visión de lo que es una imposición digital en la educación, la continúa la señora Ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá. Más cauta y condescendiente en sus declaraciones por el sector de población al que afecta, combina lemas de “lo presencial es insustituible” con un salpicón de mensajes “secundarios” remarcando lo necesario de la formación online, las economías digitalizadas, los modelos basados en competencias, las brechas tecnológicas a superar, la pretendida adecuación personalizada y toda esa palabrería hueca de doble filo de la que son expertos los políticos para no decir la verdad. En la misma línea de organismos oficiales, Javier Imbroda (Consejero de Educación de la Junta de Andalucía), dice que “este confinamiento ha dejado patente que la transformación digital del sistema andaluz ha llegado, de forma más acelerada si cabe, para quedarse”. Más de lo mismo, otro apuntalamiento de la trampa.

El testimonio más esclarecedor son las declaraciones de Andreas Schleicher, responsable del informe PISA y director de Educación de la OCDE. Por si el lector no se ha percatado todavía del extraño origen y entusiasmo de esta felicidad falsaria por la nueva dimensión virtual, no es otro que el maldito poder económico. Este germano de traje impecable es uno de esos hombres grises que dirigen nuestras vidas de manera categórica, y sin que sufra los desgastes de un gobierno. Es un ser que te hace una oferta que no puedes rechazar. Su poder se basa en la trastienda de la pantomima democrática. Sabe que tarde o temprano su palabra es ley.

En todo este proceso está previsto hasta la reorientación de las debilidades. No se permite la duda de si es negativa la educación no presencial, sino que la distracción se encauza a una fingida autocrítica. De ese modo se reconoce que no todos los hogares y estudiantes o profesores disponen de equipos y conexiones, por lo que la solución simple será invertir en ello. Desde luego es muy barato en comparación con el pago de nóminas y el mantenimiento de infraestructuras físicas, por no hablar de que será un gigantesco beneficio para todas las empresas de dispositivos y comunicaciones que tan caritativamente nos han regalado GB a modo de limosna exonerante.

En el mismo sentido, el miedo te hace dócil, te atrapa e inmoviliza, lo que ha permitido que docentes de todos los niveles hayan estado al límite de sus posibilidades, pero como en otros sectores de los que se ha abusado en nombre de una hipócrita solidaridad, no ha existido una revuelta-respuesta por la sobrecarga. Es más, el sistema ha probado que con el cuidado de abuelos, cambios de turno extenuantes para madres y padres, o simplemente al libre albedrío, los infantes de nuestra sociedad estén “cubiertos” sin el paraguas del Estado protector. Este orgasmo del capitalismo debe estar haciendo sonreír a muchos canallas que siguen calculando ingresos y menos débitos.

Bajo esa mentalidad de desmantelamiento de lo presencial, no está solo la destrucción del único espacio igualador y socializador entre seres humanos, sino la subyugación a un mundo de posverdad, pensamiento único y débil, complacencia automatizada e hipertextualidad permanente. Seres acoplados voluntariamente a dispositivos las 24 horas, y que se mantienen ocupados en información superficial, en la trampa del conocimiento enlatado y precocinado o en la transmisión de datos confidenciales propios.

Es un entramado perfecto no ya en la fase de discentes, sino para su transformación en adultos futuros, que se conviertan en meros agentes de una maquinaria que rueda sin sentido, porque lo único que te interesa es tu acotado espacio propio. El último peldaño te lleva al teletrabajo extendido y la ventanilla virtual, que no es más que una neoforma de esclavitud y un muro donde la reclamación se disipa, una ausencia de diferenciación de los espacios propios, un aislamiento y castración de alternativas y revoluciones.

Estamos ante un ensayo general para una devaluación completa de la educación-convivencia en toda su dimensión constitutiva. Cuando pregunto a mis apreciados alumnos cuantos libros leen al año y me dicen que uno o ninguno, una lágrima interna me hiela el alma, porque entiendo a la perfección el juego del poder oculto. Sin lectura pausada ni acumulada no hay conocimiento posible. Sin argumentos no hay diálogo lógico. Sin conexiones dialógicas no hay opción viable. Eso sí, todos tendremos aprobado general en la asignatura de cretinismo perpetuo.


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