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José Antonio Avilés e Isabel II o cómo destrozar el periodismo un poquito más

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19 sep 2022 / 15:55 h - Actualizado: 19 sep 2022 / 18:11 h.
"Opinión","Televisión","Periodismo","Isabel II"
  • José Antonio Avilés e Isabel II o cómo destrozar el periodismo un poquito más

José Antonio Avilés no es periodista. No lo es. Mintió hace tiempo al afirmar que había terminado su carrera cuando, sin embargo, apenas había cursado un par de asignaturas y a regañadientes. José Antonio Avilés tuvo que pasar el bochorno de acudir a los platós de televisión para que se le afease la conducta por deber miles de euros a unos y a otros. José Antonio Avilés grita, arma el discurso a base de coletillas, de codazos al diccionario y pisotones a la sintaxis, discute con los periodistas y colaboradores en los programas en los que participa y en el que le toman por el pito del sereno. José Antonio Avilés es el esperpento personificado, una vergüenza para la profesión y un disparate se mire como se mire.

Sigue participando en los programas de televisión y cobrando por ello. Me dicen que cobra bastante menos que el resto de colaboradores; me dicen que le tienen de tonto útil, me dicen que a él le da lo mismo ocho que ochenta y que murmura ‘tonto, tonto, mierda, mierda’ si se mofan de él o si la nómina es penosa. Quería televisión y lo ha logrado. Avilés es el arquetipo de todo aquello en lo que se ha convertido una sociedad decadente y herida de muerte.

Los periodistas se quejan por el mal estado de su profesión. La pregunta es ¿cómo pueden aceptar que este tipo de sujetos aparezcan en las pantallas para denigrar (un poco más) lo que otros hacen con profesionalidad y gusto? ¿Cómo una cadena de televisión puede tener tan poco respeto por el periodismo y da alas a impostores de esta categoría? José Antonio Avilés es un cateto (cerril y de alcance corto respecto a la inteligencia), un pobrecito con ganas de poder ostentar, un alma en pena que se arrastra al precio que sea delante de las cámaras; pero los periodistas deben alzar la voz de una vez por todas para defender una de las profesiones más bonitas que se conocen. El personal mete en el mismo saco a todos y eso no tiene remedio con tipos como este metidos en el ajo.

Lo que faltaba es que enviasen a este elemento a Londres. Al escribir esta columna, parece ser que está viajando con dirección a la capital británica. Supongo que querrán en la cadena que suelte idiotez tras idiotez para que los telespectadores más simples rían a mandíbula batiente las chorradas que dirá a costa de destrozar el periodismo y de convertir el funeral del siglo en una broma pesada. Resulta vomitivo todo esto. Y muy aburrido porque este Avilés tiene la gracia justa. ¿No tienen más periodistas en la cadena de televisión que le ha enviado a Londres? ¿Es absolutamente necesario denigrar una profesión y un acto histórico (4.000 millones de personas lo han podido ver) enviando al tonto del pueblo?

Qué pena confundir el entretenimiento con la mugre y la caspa; qué pena destrozar todo por ganar unos euros.


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