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La Tostá

Joselito de Lebrija en el Alcázar

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
20 sep 2022 / 08:27 h - Actualizado: 20 sep 2022 / 08:30 h.
"La Tostá"
  • Joselito de Lebrija en el Alcázar

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Se hace llamar ahora José Valencia, pero para mí será siempre Joselito de Lebrija, aquel niño prodigio del cante andaluz, gitano o flamenco, al que llevaba su abuelo por las peñas y festivales de principios de los ochenta. Era un niño más bonito que un San Luis, con una voz de alfileres gitanos y un compás que asombraba en un chaborrí. Cantaba pegado a las raíces lebrijanas, aunque no nació en Lebrija sino en Barcelona, ciudad a la que emigraron sus padres. Su tío Luis de Lebrija le metió lo artístico en el cuerpo y hoy es el mejor cantaor, sin duda, de su generación. Nadie de su edad canta como él, con tanta fuerza bien controlada y una hondura que conmueve. Desde hace unos años viene abriéndose a aventuras musicales interesantes, como su obra sobre Bécquer o la que presenta esta noche en los Reales Alcázares (Nebrissensis), sobre Elio Antonio de Nebrija. Hace unos meses lo entrevisté en un curso online y me asombró su evolución no solo como cantaor, sino como persona. Dijo cosas que evidenciaban un crecimiento artístico y personal increíble, lo que me hizo pensar que no se va a quedar en los cuadros, como tantos buenos cantaores que vivieron y viven de cantar al baile. En esta faceta es una gran figura, pero quiere dejar atrás esa etapa de su carrera y centrarse en sus conciertos en solitario. No es fácil, tal y como está el cante, pero al menos lo está intentando. ¿Qué necesita José Valencia para considerarse que es el mejor en su estilo? Creérselo, solo eso. Tiene todo lo necesario para aceptar que es el mejor y meter de nuevo a los aficionados por el cante por derecho, como hizo Antonio Mairena en el inicio de los años sesenta, abriendo una etapa grandiosa para el cante jondo. José Antonio Valencia Vargas, que así se llama, de raíces familiares lebrijanas y jerezanas, gitano, tiene los mimbres necesarios para hacer el canasto y el cante no está para tonterías. Los cantaores con vergüenza tienen la responsabilidad de velar por la autenticidad de este arte, y no todo es dinero. El dinero, precisamente, nos ha llevado a una etapa, la actual, de imitadores que dejaron de estudiar para perder el tiempo en las redes sociales. Valencia tiene la oportunidad de dar un puñetazo en la mesa y decir basta, el que quiera que me siga y el que no, que se quede en Facebook. Está bien que se meta en aventuras musicales como la de esta noche, pero no debería olvidar jamás que es un gitano de Lebrija, donde el cante es una religión desde que Diego el Lebrijano (Diego Fernández Flores), se afincó en Triana en el siglo XIX. Que no caigan en el olvido Popá Pinini, Bastián Bacán, el Chache Lagañas, Antonia Pozo, Fernanda la Vieja, María la Perrata, Perrate, Lebrijano, Miguel Funi, Curro Malena, Manuel de Paula, Pedro e Inés Bacán y tantos artistas gitanos que, de Lebrija o Utrera, crearon una escuela de cante única, en la que creció y se hizo cantaor el otrora Joselito, aquel niño que hoy le cantará nada menos que a Nebrija en el Real Alcázar, un espectáculo que no me voy a perder.


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