lunes, 09 diciembre 2019
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Kimika en Zunino

01 dic 2019 / 13:43 h - Actualizado: 01 dic 2019 / 13:45 h.
  • Kimika en Zunino

He titulado así la exposición que ayer se clausuró de la autora japonesa Kimika en la galería Zunino, porque una de las lecturas que pudiera tener, bien podría hacer referencia a los cuentos, sobre todo a los de Pulgarcito o Hansel y Gretel, en el sentido de todas las huellas que vamos dejando por el camino y porque en efecto toda esta exposición está llena de ellas.

Este fue el primer pensamiento cuando entré en ese recoleto espacio donde las pequeñas obras de diferentes formatos de Kimika dispuestas en una de las paredes, forman una especie de mosaico, exceptuando la que puede considerarse como un gran mural y que ocupa la totalidad del espacio frontal.

Pasos, pisadas, recuerdos, ecos, huellas, de la vida de las mujeres –en este caso saharauis del asentamiento de Tinduf en Argelia- donde suele acudir cada año la autora a crear, a tomar ideas, a impartirles talleres, a implicarse social, personal y en cualquier sentido que pudiéramos pensar desde lo emocional a lo ideológico, etnográfico, etc.- También lo son de su propia vida, de las experiencias felices y traumáticas por las que ha podido atravesar, por la salud, la enfermedad, la alegría, la tristeza,...los países y culturas que le han ido y le van definiendo/enriqueciendo.

Kimika en Zunino

Para este viaje hacia el fondo de la mujer y de ella misma, no ha podido escoger otra cosa más íntima que la vulva, los labios, el clítoris y la matriz no como una manifestación de sexo explícito, sino de sensibilidad. Estos no son los pubis de tantas Venus, Danaes, Evas,... ni de cualquier desnudo femenino que hayamos podido conocer desde Wilherdorf a Freud por ejemplo (el pintor, no el psiquiatra, que nos pintó desnudas, gordas, bellas, frágiles,...como él quiso imaginarnos), ni son fetiches propiciatorios de fertilidad o nada q se le parezca, y no sólo porque ella se haya detenido precisamente en la figuración de ese fragmento del cuerpo, sino porque su propósito es otro que tiene que ver con la liberación en todos los sentidos de esta palabra: el de la libertad de la mujer y con ella la de un pueblo tan antiguo como el de aquellas, el oriental de origen de Kimika, el occidental como el nuestro.

Siguiendo con esto, con el cuerpo y en concreto con esta parte, ya hemos visto cómo este ha podido interpretarse con metáforas, que ahora Kimika ha querido representar precisamente a través de la parte curiosamente más externa como es la vestimenta, en esta ocasión, las melhfas: esas telas de unos 4 metros de largo aproximadamente que rodean sus cuerpos, con las que se cubren y que son símbolos al tiempo de feminidad, de estado civil, emocional, o son escogidas para ocasiones relevantes de sus vidas. La parte externa curiosamente para interpretar la más íntima/interna.

La cultura occidental, por no decir que otras culturas, ha tenido con respecto a la representación de la vagina o del pubis y a través de la historia, una posición ambivalente: por una parte la ha considerado objeto de deseo, por otra de pecado. En cualquier caso, se le ha representado (en mármol, barro, bronce,...) sin mutilar, mientras que -si por ejemplo vamos hoy y sin ir más lejos al Museo Arqueológico de nuestra ciudad- veremos como todos los dioses/emperadores están castrados. Lo que quiero decir con esto, es que nuestra cultura acepta la representación de esa parte del cuerpo femenino y estamos por así decirlo acostumbrados a ver pubis y no penes ni genitales masculinos, por ejemplo. ¿Es esto también machismo? La pregunta que me hago y os hago, es por tanto ¿qué ocurriría -está clarísimo que no en esta- pero sí en otra exposición se mostraran los órganos sexuales de los hombres?, órganos que además fueran dibujados, fotografiados o esculpidos por mujeres.

No quiero entrar para nada en cuestiones de género, en un debate arduo e intracultural, pero lo digo, debido a que en Japón precisamente se celebra el Festival del Pene, de manera que lo que propongo es una reflexión sobre los modos de expresar a través del arte, de todas las artes incluidas el cine o el teatro, esa parte del cuerpo femenino a través de la historia, y del porqué se aceptan o censuran manifestaciones explícitas como esta en determinados momentos.

Regresando a lo que nos interesa: la expo de Kimika y partiendo de lo que he podido conocer de ella y de lo que he experimentado ante las paredes de la pequeña galería de Anabel Zunino en la c/Sagasta,1, esta exposición supone una manifestación a la vez de fuerza y sutileza, mucho más que una muestra de arte textil que no pretenda contener uno o varios mensajes (que no son obligatoriamente necesarios por otra parte, sino en el sentido de exaltación de la creatividad a partir de las lanas, las telas, los tejidos, modos de hacerlos y las intervenciones que se hagan en ellos). Por tanto esta exposición se une a esa corriente coetánea –casi siempre hecha por mujeres- que convierten ese arte de la sutileza y la opulencia a través de materiales vegetales, animales y sintéticos, como es el textil en cualquiera de sus manifestaciones, como son en este caso, los pequeños trozos de las melhfas que KIMIKA fue pidiendo a las mujeres con las que convivió como cooperante, teniendo en cuenta el significado cultural que tienen y el que esas telas hubiesen sido además habitadas por ellas.

Es algo más porque además de tapices, reposteros, bordados, batiks, mosaicos, alfombras, mantelerías, cortinajes, trajes o cualquier otro aspecto relacionado con el tejer que pudiera recordarnos, esta muestra nos remite también a una voluntad por la artesanía, una llamada de atención sobre las tramas, los tintes, las formas, los colores, en el infinito mundo que son los tejidos. También porque se acompaña de un libro de artista y de un vídeo que recoge ese momento delante de la cámara donde cada una se va despojando de sus melhfas, y la rasgan como un regalo para que después KIMIKA haga sus delicadas –y exquisitas- piezas únicas, porque cada obra, lo es.

La exposición lleva por título “Ellas” y a ellas va dedicada, significando además la paz de su pueblo. Vulvas, pétalos, flores que se abren, hojas de plantas superpuestas, siluetas, geometrías, tramas, contrastes cromáticos, estados emocionales, mariposas, llamas de fuego, cualquier nombre que quisiéramos poner y todos los que le ha dedicado a Kumika, Juan Bosco Díaz-Urmeneta y Guillermo Amaya Brenes en sus textos.


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