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Los medios y los días

La audiencia acojona

01 abr 2020 / 04:56 h - Actualizado: 31 mar 2020 / 23:56 h.
"Los medios y los días"
  • La audiencia acojona

Los presentadores de los distintos programas de televisión y radio se levantan cada mañana pendientes de los índices de audiencia de sus respectivos programas. Y nosotros los columnistas tenemos que tener en cuenta qué temas les gustan más o menos a ustedes. Es decir, montones de profesionales de la comunicación viven acojonados si es que su comida y demás necesidades dependen sólo de que los vean, los lean y los escuchen más o menos. Los youtubers más famosos son los que llegan a más personal, publican un libro y, a pesar de que se lea tan poco en España, la cola para que te lo firmen es más larga que una meada cuesta abajo. Oséase, que ustedes nos tienen en vilo.

Fíjense, no es ni aconsejable que haya escrito “oséase” porque es algo ya en desuso, pero a ustedes los tengo por personas versadas en el oficio de leer y me permito ese lujo. A mis alumnos y colegas de la prensa –tan exigentes ellos con los demás- les aconsejo que empiecen de una vez a no confundir en torno con entorno ni si no con sino, faltas de ortografía que lo mismo encuentro en los exámenes que en los diarios en los que luego escriben y eso que en los exámenes los suspendemos por confundir un medio ambiente con girar alrededor de algo o alguien y dos adverbios con una conjunción.

El caso es que hay eminentes nombres que se levantan cuando las calles no están ni puestas para empezar a informarles y/o predicarles a ustedes a partir de las seis de la mañana o antes y a pesar de que ganan un pastón deben estar pendientes de si ustedes los aceptan o no. A mí lo del pastón me importa tres leches, ya sufren bastante desgracia con levantarse a esas horas y encima tener que seguir los designios de las líneas editoriales que tienen detrás, más las tensiones típicas de los trabajos. Se arreglarán la vida ellos, sus hijos, sus nietos y sus biznietos, por lo menos, con tanta pasta, pero no pueden comerse a gusto unos calentitos con chocolate al lado del puente de Triana –cuando se pueda ellos seguirán sin poder- ni ver amanecer a gusto ni desarrollar una vida familiar en condiciones, algo que pueden hacer mejor los barrenderos, bomberos, médicos, profesores y policías, aunque ingresen mucho menos y ahora estén coyunturalmente agobiadísimos por la pandemia.

¿Esto de estar tan pendientes de ustedes en el mundo de la comunicación es bueno? Desde lo empresarial sí porque las empresas tienen el fin legítimo de ganar dinero. Pero hay más factores en la vida que el dinero. Primero, las minorías tienen derecho a la vida, ¿verdad? Segundo, el profesional de la comunicación tal vez se debata entre su conciencia que le dice lo que tiene que decir y la audiencia que le indica lo contrario. Menudo fregado, tener que comer dos veces y media al día a base de decirle a la gente lo que se supone que le gusta y estar fingiendo continuamente en un plató –porque la comunicación está lleva de fingidores- con tal de que el personal disfrute. Ya decían Maquiavelo, Locke y Walter Lippmann que la gente debe sentir más que pensar y así se le vende de todo. Bueno, pues no esperen ustedes que yo siga esa norma, soy consciente que escribo y hablo para la minoría que es la que mueve el mundo porque si no llega a ser por la minoría respondona y perseverante –esos a los que ahora llaman frikis- no hubiéramos llegado a estos momentos de progreso porque hemos progresado, a pesar de que parezca lo contrario. Y lo hemos hecho gracias a unas personas a las que las masas solían rechazar o ignorar. ¿Porque la masa es así y porque no se la educa? Ésa es otra historia, como decían en la película Irma la dulce.

Yo no escribo para las masas y si este diario decidiera algún día prescindir de mi firma porque no me dedique a decirle a la mayoría de ustedes aquello que, aunque no tenga fundamentación racional alguna, deba decirles para su gozo onírico, me largo de aquí y en paz. La posverdad para los políticos, los oportunistas, los que no han logrado su libertad y los “intelectuales” de los distintos pesebres.


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