La Tostá

La crítica flamenca como género literario

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
16 may 2022 / 09:50 h - Actualizado: 16 may 2022 / 09:54 h.
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  • Enrique Morente. / EFE
    Enrique Morente. / EFE

Hace ya tiempo que dejé de ir a los teatros a hacer crítica de espectáculos flamencos, después de casi cuarenta años en el oficio. Lo hice a tiempo, cuando empecé a ver por dónde parecía que iba a tirar este género literario que puede ser un arte o un negocio, un arma para hacer daño o la plataforma ideal de mediocres gacetilleros o frustrados escritores que van de flamencólogos porque tienen un blog. Recuerdo cuando Miguel Acal daba unos leñazos que tumbaba al más grande, aunque fuera su ídolo. No iba predispuesto al leñazo, como suele ocurrir hoy.

Un día le escuché decir a un compañero: “Este se va a cagar cuando venga a la Bienal”, porque en una entrevista un cantaor había discutido el papel de la crítica flamenca sevillana. Cuando vino, el crítico le dio para el pelo, aun habiendo tenido una excelente noche de cante. Utilizó la pluma como arma de agresión, de ajuste de cuentas pendientes. El cantaor era Enrique Morente, quizá el artista flamenco más atacado del siglo XX. Del crítico prefiero no hablar, por aquello de que perro no come perro.

Luego está el crítico fan, o sea, el que sigue a su cantaor preferido para demostrarle su admiración. Ya puede cantar una noche para echarlo a los cochinos, que lo pone siempre de dulce. De estos críticos se benefician grandes figuras como José Mercé o Miguel Poveda, que siempre están bien. Por último, está el crítico que no chanela y que suele esperar en la puerta para ver qué se dice sobre el artista y saber si tiene que ponerlo bien o mal.

Recuerdo que hace años uno de estos me preguntó qué me había parecido un bailaor de los que bailan sin bailar. Pensando que estaba de coña, porque el bailaor era para multarlo, le dije que era un genio, digamos irónicamente. Al día siguiente fue el único crítico que lo puso por las nubes. Me dejó de hablar unos años y aún me suele saludar con mala cara.

Es lógico que el nivel sea el que es, porque es un género literario que no se paga. Bueno, hay agentes artísticos que pagan bien pero si solo vas a sus festivales, porque contratan más en verano si van los críticos, digamos de prestigio. Tuve dos ofertas interesantes, de decenas de miles de pesetas el festival, pero siempre fui a los festivales que quería. Ni siquiera a los que quería mi periódico, que para eso uno es un trabajador por cuenta propia.


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