La cultura del encuentro

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25 ene 2023 / 11:26 h - Actualizado: 25 ene 2023 / 11:27 h.
  • La cultura del encuentro

Echo un vistazo a las noticias y con tristeza leo lo acontecido en la Universidad Complutense contra la presidenta Ayuso. Es lamentable que sigan pasando cosas como ésta en nuestra sociedad. El odio y la intransigencia empobrecen la democracia. La Universidad tendría que ser espacio de encuentro y tolerancia.

Constato cuán difícil es hoy cultivar la cultura del encuentro. El desencuentro parece ser la constante, ese que también produce guerras, pobreza, desigualdad, maltrato a la naturaleza... Esas y otras situaciones son provocadas a menudo por el corazón enloquecido o envenenado de seres humanos que fácilmente se dejan enredar por el innoble pecado del egoísmo. En este escenario se produce una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo: la incomunicación exasperada que producen las redes sociales; creadas para el encuentro y sin embargo usadas para distanciar, dividir y pelear. Con tristeza veo decrecer la sed de cercanía, de contacto, de conversación que tanto anhelamos durante los meses mas duros de la pandemia.

En mi juventud escribíamos cartas, para expresar ideas, emociones, afecto... Hoy constato desolado que la comunicación escrita se reduce cada vez más al intercambio escueto de información. Aprendemos hoy mucho de lo virtual, pero nos faltan atajos para arribar a la cultura vivida del encuentro. Nos olvidamos que conscientes o no, marchamos juntos, itinerantes, en un tiempo determinado sobre este planeta, casa común de la familia humana. Cuando renunciamos a la fraternidad concreta dejamos de mirar con benevolencia a los rostros de quienes comparten el camino. El amor desmedido hacia uno mismo, que privilegia las propias necesidades e ignora las de los demás si se oponen a las propias, oscurecen el rostro del prójimo y de consecuencia mutila ese dialogo fraterno que hace experimentar la alegría del descubrimiento, del conocimiento compartido y de la verdad en una visión novedosa y común de las cosas. ¡Cuántas palabras se han ido desgastando en nuestro diccionario vital! Acogida, escucha, recepción, donación, intercambio, compartir, convivencia, colaboración desinteresada...

Hay una cultura que hoy parece alimentar las acciones de algunos sapiens, que sustituyen todas esas palabras derivadas de la fraternidad y el respeto por otras llenas de agresividad y animadversión, dejando así espacio al desprecio por la vida con el narcotráfico y la trata de personas; con los fanatismos que utilizan el nombre de Dios para justificar la muerte; con el odio que cierra el camino a la reconciliación; con la corrupción y la falta de ejemplaridad que empobrece el nivel moral de la sociedad; con la debilitación de los vínculos personales y los lazos familiares y comunitarios; privilegiando el éxito del poseer sobre la riqueza del ser y sus valores..

Cuando las relaciones no generan cercanía, simpatía, arraigo, amparo, no nos ayudan a acompañarnos serenamente y a sostenernos en la travesía espinosa que estos tiempos nos procuran.

En diálogo abierto se comparte con sencillez, sin presumir de saber más ni reducirse a ser ignorantes. En momentos difíciles podemos avanzar mejor, como lo hicimos en los dos años más duros de la pandemia: de la ausencia sacamos presencia; de la incomunicación sacamos comunicación y comprendimos que, como seres humanos, siempre podemos dar mucho más de nosotros mismos.

Queremos crear un mundo mejor, más sostenible, con sociedades más justas e inclusivas, queremos la paz. El camino es restaurar la cultura del encuentro.


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