La Educación requiere un cambio

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14 dic 2021 / 08:59 h - Actualizado: 14 dic 2021 / 09:11 h.
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  • La Educación requiere un cambio

Si un maestro de 50 años mira hacia atrás en su vida y se pregunta: «¿qué he hecho durante toda mi vida?», verá que la única contestación cabal es: «He ido al colegio».

Con un año te llevan a la guardería, con tres entras en Infantil, a los seis sigues en primaria, a los 12 secundaria, a los 16 bachillerato, a los 18 Universidad, a los 22 academia de oposiciones, a los 25 interino en un colegio y años después consigues la plaza para toda la vida.

Casi igual les pasa a los profesores de secundaria o de Universidad, sólo que se quedan en distintos estadios del proceso (aunque los últimos consiguen algo más de libertad).

Cuando con 45 o 50 años miran hacia atrás, ven que sólo han ido al centro educativo toda la vida y que ya no van a hacer otra cosa hasta que se jubilen.

El centro educativo les ha organizado la vida: les ha enseñado que el año empieza en septiembre y termina en junio; les ha distinguido la época llamada «curso» de la época llamada verano; les ha dado Navidades y Semana Santa de descanso (este año retomarán las clases el 10 de enero); la semana ha tenido siempre cinco días de trabajo y dos de descanso. Siempre. Siempre. Desde que tenían tres años.

Han sido educados para ir al colegio. Los alumnos de último curso de universidad padecen un verdadero estrés el último curso de la carrera pensando en qué máster se van a matricular al año siguiente, porque son incapaces de enfrentarse a la gestión del tiempo libre y buscar trabajo.

Y cuando terminan el Máster piensan, incluso, en matricularse en otro.

Los hemos educados para ir al centro educativo. Saben algo: ir a un centro educativo de lunes a viernes. Nadie les ha enseñado a gestionarse el tiempo sin un horario y calendario.

Son como el elefantito del que habla el cuento de Bucay: de pequeño lo atan a una estaca y se acostumbra a no poder desengancharse de él; y cuando son mayores y con fuerzas para arrancar la estaca de cuajo, ni lo intentan porque han sido educados para estar atados. Han sido educados para esta forma de esclavitud.

Y esos profesores, con esas cabezas, con esos modelos estructurados, con esos miedos a la libertad, con esa incapacidad de emprender nuevos proyectos, son los educadores de nuestros hijos. Luego dicen que los jóvenes mayoritariamente quieren ser funcionarios, ¿cómo no lo van a querer si sus formadores son funcionarios de la enseñanza desde los tres años? ¿Qué ejemplo les van a poder dar? Y los niños hacen lo que ven. Dile a un niño que monte una empresa donde, al principio, va a tener que trabajar diez horas al día siete días a la semana... Le parece un horror porque lo que ha visto y vivido ha sido siempre horario de mañana, cinco días a la semana.

En los colegios necesitamos emprendedores, no funcionarios. Pero el perfil del alumnado universitario de Educación Infantil y Primaria, que luego van a ser maestros de Infantil y Primaria, es mayoritariamente el de funcionarios (en el peor sentido de la palabra): relajados profesionales con vocación menguante atados a la estaca.

Eso requiere un cambio.


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