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La enseñanza de algo microscópico

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20 mar 2020 / 10:38 h - Actualizado: 20 mar 2020 / 10:41 h.
"Coronavirus"
  • La enseñanza de algo microscópico

¿Qué pasa ahora? ¿Cómo nos ha venido esta situación? ¿No controlábamos todo? Pues no. Eso parece y es lo que es. Ahora es otro momento, otra etapa, pero sobre todo, una enseñanza. Y menuda enseñanza. Este aprendizaje es tan macroscópico, como microscópica es su razón de ser. Lo que es el hombre al fin y al cabo. Una mota de polvo vulnerable en el verdadero universo de las cosas.

¿Han cambiado las prioridades o lo parece? Ahora eso de estar en casa y no ir de compras para salir del aburrimiento, no es que ya no guste, es que está prohibido. Sí, lo tenemos prohibido. Solo faltaba eso, y eso es lo que tenemos. El hombre, creyéndose libre, parece que tiene que vivir en una dictadura llena de palos para ver si recobra la conciencia. Sí, de palos. Pero estos palos son mucho más serios y parecen que están doliendo más, que los que daban los grises, en tiempos de persecuciones y bandera.

En cambio, ahora las banderas hasta hace unos días eran imprescindibles. Hoy parece que no sirven ni para hacer las veces de mascarillas. También las elecciones y los colores y los bandos. Nada, no parece que quede nada, aunque alguno, como en todos los fregados, hable por hablar, a pesar de la ruina que nos arrasa. Porque al final, hemos tenido, nos guste más o menos, que subirnos al mismo barco, aunque no sepamos a dónde nos lleve.

Desde luego, los coches, lo último en tecnología, la moda, el vacile, las poses o la soberbia vestida de “lo normal” o “lo que hace todo el mundo”, por el momento se han ido a pique, hoy parece que no queda nada. De una semana a otra, resulta que nos han cambiado todo. Nos ha cambiado el mundo que habíamos diseñado a fuerza de escaparates pero en realidad vacío. Sí, de verdad, la verdad que nos sorprende ahora. Y ahora, aunque parezca mentira, somos menos vulnerables porque estamos apreciando lo importante. Eso que nos debe llevar a diseñar un nuevo mundo, en el que quepa, solo, lo humano.

Los pensamientos de apariencia se están sustituyendo por otros como: cuándo podré abrazar otra vez, cuándo volveré a salir a caminar, cuándo podré juntarme con la gente de siempre y solo tocarnos la cara y decirles, ¿cómo estás? Porque lo importante es lo que se hace y no el cómo. Ya da igual lo pasado, no pensamos en lo que vamos a llevar puesto el día que salgamos a caminar o cómo nos conteste la persona a la que le preguntemos cómo se encuentra. Ahora, lo importante es el cuánto tiempo nos queda para poder hacerlo de nuevo. Eso es, ahí está la cuestión. Quién nos iba a decir que algo tan pequeño nos iba a poner boca abajo la vida que creíamos perfecta para nosotros. Nadie lo sabía, ni lo esperaba. Pobre hombre.

Y ahora, qué nos espera, hacia dónde vamos. En qué momento perdimos la conciencia de humanos para convertirnos en simples aparentes seres felices. Dónde estamos y sobre todo, qué queremos que sea de nosotros. De nuestro presente, de nuestro futuro, de nosotros mismos. Llamémosle como queramos: Dios, vida, destino o ese término moderno, muy utilizado ahora en occidente: “El Karma”, lo que nos da un toque de atención para que hagamos borrón y cuenta nueva de este artificio social que habíamos diseñado y en el que todos queríamos vernos más guapos, más ricos y más felices. Ahora, solo nos conformamos con ser libres.


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