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Tribuna

La España de las etiquetas

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22 nov 2019 / 08:23 h - Actualizado: 22 nov 2019 / 08:29 h.
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Como precios. Así se viene etiquetando la sociedad española de un tiempo a esta parte. Algunos al alza, otros por los suelos, actuales, de rebaja y los fuera de mercado. Al final, el mercado, que es lo importante. No importa nada más, solo lo que pone en las etiquetas.

Qué buen invento aquel de los seres sociales: intentar reducirlo todo para poder entendernos mejor. Pero cuidado. Lo estereotipos los inventamos para eso y para beneficiar nuestro lenguaje. Para catalogar, pero no para juzgar y castigar sin sentido y sin darle tiempo a la defensa de los etiquetados.

Esta “estereotipada tendencia” viene muy de arriba. De aquellos a los que verdaderamente les interesan las etiquetas para tener controlado el mercado y sus precios. Solo es eso lo que importa: el mercado y el dinero. Poco el cariz social. Y nosotros a votar. ¡A votar a quiénes! A los que crean las etiquetas y verdaderamente no hacen más que subir los precios y bajar los salarios.

Cuidado, que vuelven los fascistas. Cuidado, que vuelven los comunistas, los etarras, los que quieren romper la nación, los católicos. Los mismos de siempre, los de antes. El “no pasarán”. Al final, las etiquetas. O mejor dicho: los etiquetados. España se ha convertido en un mercado perfecto, en el que la sociedad sufre aquello que dijeran los antiguos romanos: “Al pueblo pan y circo”. Y como no, mucho miedo a otras etiquetas para que no nos demos cuenta de que vivimos en el mercado. Que estamos vendidos y que somos mercancía.

Como mercancía que somos, se nos olvida que nos están coartando la libertad. Sí la libertad. Las etiquetas limitan y cierran la visión. Somos eso. Nos han convertido y convencido de que ¡Cuidado con éste, con ése y con aquél! Qué osadía y que inteligencia de los que ponen nombre a todo. Siguen diciendo que luchan porque en nuestro país haya librepensadores y seres empáticos. Curioso sentido del librepensamiento, que más que eso, es liberalismo. Puro y duro.

Qué libertad, ni qué ocho cuartos. Tantas etiquetas, para tan poca justicia social. Y es que en un mercado neoliberal no se tiene en cuenta a la sociedad. Y mucho menos la justicia de ésta. Aquí no gana ninguna etiqueta: ni derecha, ni izquierda, ni socialdemócratas, ni fascistas, ni separatistas, ni etarras, ni comunistas, ni el mismísimo apuntador. Aquí el que debe ganar siempre es el mercado. El que mueve los hilos y adormece a la sociedad.

El pueblo y la sociedad somos los llamados a romper las etiquetas impuestas, porque al fin y al cabo los que las han creado, lo han hecho porque les hemos dado el poder para hacerlo. No hay más. Pero nos encontramos etiquetados hasta en nuestra forma de actuar. Porque somos también etiquetas en el mismo mercado y éstas solo reflejan precios, no piensan. Así deberíamos sentirnos y deberíamos vernos. Pero no. Han sabido muy bien cómo hacerlo. Pero como diría aquel: “La esperanza es lo último que se pierde”.

A ver si, y de una vez por todas, dejamos de temer tanto a las etiquetas. Que al final son solo eso, simples trozos de cartón. Y cuando las tengamos delante, miremos su reverso. Igual ahí comenzamos de nuevo a reencontrarnos con la libertad que nos están robando poco a poco en un mercado, donde el miedo es lo que más se compra y se vende.

María Camúñez Ruiz es Graduada en Periodismo por la Universidad de Sevilla.


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