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Viéndolas venir

La grandeza del castañero

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Álvaro Romero @aromerobernal1
11 nov 2022 / 11:43 h - Actualizado: 11 nov 2022 / 11:45 h.
"Viéndolas venir"
  • La grandeza del castañero

La integridad moral, la firme confianza en el otro, la seguridad de que no nos vamos a llevar nada de este mundo se pueden agolpar en uno de esos puestos de castañas asadas que nos ofrece humildemente el otoño. Ocurrió ayer tarde, ya oscurecida. Primero, la sorpresa de que solamente costara un euro -1 solamente- uno de esos cartuchos en los que vienen siete u ocho buenas castañas, riquísimas. Pero luego ocurrió el milagro. Le he dicho que tenía un billete de veinte euros pero que en el coche había dejado una moneda. El tipo no se lo ha pensado, me ha dado el cartucho y me ha pedido que le traiga el euro de donde lo tuviera. Yo he estirado su propia confianza y me he ido con la niña de la mano hasta donde tenía aparcado el coche, bastante lejos. Al regresar con el euro en la mano, el tipo ha sonreído porque apenas se acordaba, o tal vez porque le ha alegrado que todavía exista la formalidad. Yo también le he sonreído, satisfecho de que las apariencias sigan engañando y de que las personas más nobles estén cubiertas tantas veces del humo que solo mancha la piel.

La anécdota puede tener poca importancia. O muchísima, según. Porque es una puesta en abismo de que todavía hay esperanza, y de que no todo el mundo se aprovecha de la inflación. Si ha subido el precio de todo, me imagino que también lo habrá hecho el de las castañas. Y el del carbón con que se asan. Y el precio del tiempo que emplea el castañero, y los papeles de estraza con que hace los cartuchos. Sin embargo, que el cartucho de castañas siga a un euro, como siempre, arroja ciertas sospechas contra este mundo en el que todo quisqui se tira a la piscina, haya agua o no haya. Por otro lado, el castañero –como hace todo el mundo- me podría haber invitado a dejar el cartucho allí, hasta que volviera con el dinero en la mano. O podría haberme pedido un aval, como hace cualquier entidad financiera. No me vale el argumento de que estemos hablando de una pequeña cantidad. Cada cual con lo suyo: un euro para el castañero puede ser perfectamente como 50.000 euros para cualquier entidad bancaria. Y no digo nombres. Exactamente igual. Y, sin embargo, el castañero que me dio sus castañas y confió plena, ciega, absolutamente, en que yo iba a volver. Sin conocerme de nada. La lección es la de siempre, o sea, que siempre dan más lo que menos tienen.


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