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La Tostá

La ideología ante el hambre

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
14 sep 2022 / 06:54 h - Actualizado: 14 sep 2022 / 06:56 h.
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  • Pedro Sánchez.
    Pedro Sánchez.

El Gobierno de Sánchez tiene dos oposiciones: la derecha más arcaica de Europa y la izquierda más populista. El partido Socialista Obrero Español jamás ha sido de izquierdas de verdad. De hecho, si ahora lo parece es porque gobierna con los comunistas, aunque Alberto Garzón tenga de marxista lo que Pablo Iglesias e Irene Montero de demócratas. Yolandia La Modelitos, la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, es comunista y va por su cuenta, a su bola, llevando a cabo una labor fácil: intentar meterles dinero a los trabajadores en el bolsillo a través del continuo aumento del salario mínimo o el abaratamiento de la bolsa de la compra. Si monta su propio partido, que en ello está, sabe, porque es sindicalista, que la clase obrera es agradecida cuando le llenan la panza. No mucho, porque entonces vota a la derecha, pero el hambre es muy mala y ella solo tiene que inventarse algo cada mañana para que los ciudadanos menesterosos, que son cada día más, vean quién quiere resolver sus problemas y quién no. Ella dejará de ser ministra y seguramente pasará pronto a la historia, pero va a joder a Sánchez todo lo que pueda en lo que quede de legislatura, porque quiere ocupar su puesto en el liderazgo de la pretendida socialdemocracia y el sillón presidencial de la Moncloa. Desea pasar a la historia como la primera mujer presidenta de España y como tira con pólvora ajena, cada día se levanta con alguna torería: un nuevo aumento del SMI, las cosas de comer más baratas o una moratoria de las hipotecas, que es pan para hoy y hambre para mañana, porque es solo temporal y esto parece que puede ir a peor y que va para largo. Y las hipotecas se pagan sí o sí. Los grandes empresarios están temblando con la actitud de la vicepresidenta díscola y la tendencia intervencionista del Gobierno de coalición, que no es moco de pavo. Esto no les gusta nada a los grandes inversionistas nacionales o extranjeros y puede haber fuga de inversores, con lo que habría más paro. Queda muy bien eso de decir que hay que meterles mano a la banca y a las eléctricas, pero los ciudadanos ya saben por experiencia que al final son los que pagan estas medidas tan de la izquierda. El Gobierno no para de hacer caja con la inflación y podrían bajar o anular los impuestos de los productos más básicos, en vez de asustar a las empresas o a la banca con tanta amenaza intervencionista. Saben que las familias aún tienen ahorros y que los ciudadanos no van a echarse a la calle mientras tengan para aviarse y sopa en la barriga. La ministra roja espolea a los sindicatos subvencionados contra las empresas, algo verdaderamente asombroso, con la situación del país y tres millones de parados. Va a lo suyo, por libre, y Sánchez la deja porque le interesa. La Yoli se basta ella sola para quemarse y no será el presidente quien meta la cerilla en la leña. Mejor que parezca un accidente.


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