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Los medios y los días

¿La Iglesia comunista?

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05 oct 2021 / 04:00 h - Actualizado: 05 oct 2021 / 04:00 h.
"Los medios y los días","Papa Francisco"
  • El papa Francisco. / EFE
    El papa Francisco. / EFE

El papa Francisco pidió perdón por lo mal que se portó la Iglesia en América durante el descubrimiento y colonización. Ayer, El País publicaba unas declaraciones de otra autoridad eclesiástica. El encabezamiento de la entrevista rezaba: Raúl Vera: “Indígenas, homosexuales, prostitutas... en esa gente es donde más se manifiesta Dios” (titular). “El obispo emérito mexicano aboga por que España pida perdón por el exterminio de los pueblos originarios con la conquista” (subtítulo).

Pablo Iglesias entra en éxtasis y Eduardo Inda llama comunista al papa y supongo que, más o menos, opinará lo mismo de Vera. El rojerío ha llegado ya a la cima eclesiástica, ¿era Jesucristo comunista? Cuando yo era chico la gente se preguntaba eso a mi alrededor. Y cuando Lutero se enfadó con el Vaticano fue, entre otros motivos, por el mercadeo que se traía entre manos la sede suprema de la Iglesia con las indulgencias, las reliquias de santos y el nombramiento a dedo e indiscriminadamente de prelados de todas clases que compraban el rango. En Sevilla, la Iglesia de San Luis de los Franceses está llena de huesecillos que se supone que son de santos, vaya usted a saber de quiénes son. Y hasta se ignora quién es el que está enterrado en la catedral de Santiago de Compostela. Este asunto mercantilista lo despacharon pronto judíos, islámicos y protestantes: uno se comunica directamente con Dios y santas pascuas, adiós a esa especie de politeísmo disfrazado o a ese monoteísmo tan complejo. Y no olvidemos el látigo que el propio Jesucristo utilizó contra los mercaderes del templo, según esos evangelios que se escribieron mucho después de su muerte, también evangélica, que no histórica, ni lo del rico y el ojo de una soga o aguja.

Los ricos se las han arreglado para colocar el discurso religioso de su parte y ahora fíjense lo que está pasando, no me digan que estos tiempos no son apasionantes, las derechas contra el comunismo, la migración, el feminismo progre, el homosexualismo y sus matrimonios, y la Iglesia que va por el camino opuesto. Ya sólo falta que resucite Marx y, a la vista de los hechos, rectifique y afirme que la religión empieza a no ser el opio del pueblo.

Sin embargo, hay que recordar que todo esto no es nuevo. Se deben poner encima de la mesa las posturas del obispo brasileño Elder Cámara, ése que dijo que cuando daba limosna a los pobres lo llamaban santo y cuando preguntaba por qué había pobres lo llamaban comunista. Y hay que rememorar el asesinato por esbirros ultramontanos en los años 80 de monseñor Romero en El Salvador, así como de un grupo de monjas estadounidenses por parte también de la extrema derecha. Todos se alinearon sin dudar a la vera de los pobres y abrazaron la Teología de la Liberación. Un recuerdo para el canónigo de Málaga, José María González Ruiz, también seguidor de una iglesia progresista; para los curas Diamantino García, párroco de Los Corrales y Martín de la Jara, que renunció a su “sueldo” del arzobispado y se iba a recoger uva con sus feligreses jornaleros; para el padre José María de Llanos, que firmaba artículos en este diario y desarrollaba su apostolado por los guetos de Madrid. Y para el cura Casasola que era de Bandera Roja y se fue a Nicaragua con la revolución sandinista en la que estaba por cierto el padre Ernesto Cardenal que llegó a ser ministro de cultura y eso le costó la bronca del papa Juan Pablo II a quien en Sevilla le gritaban que lo quería todo el mundo. Ahí han estado siempre los cristianos de base y los cristianos por el socialismo. Ahora todo eso está incrustándose en los más altos lugares del Vaticano como en otros momentos estuvo el Opus Dei.

Claro que cuando los fascistas mataron a monseñor Romero y a las monjas en El Salvador, en la Polonia comunista los servicios secretos del régimen se cargaron al sacerdote Jerzy Popie³uszko, afiliado al sindicato Solidaridad. Tiempos de asombrosos y profundos cambios de principios y costumbres con siglos de antigüedad. A ver cómo termina todo esto porque es mucho más serio de lo que pueda parecer, siempre he creído que desterrar costumbres y creencias es más difícil que arrancar a dentelladas un muro y siempre me han gustado esos versos que cantaba el grupo Gabinete Caligari (Gabinete Cagalera para el dúo Martes y 13): “La fuerza de la costumbre/ es mi guía y mi lumbre”. Son muy útiles para comprender mentalidades.


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