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La Inquisición feminista

24 feb 2017 / 19:26 h - Actualizado: 24 feb 2017 / 21:04 h.

La equiparación en derechos y dignidad de ambos sexos es un ideal al que nuestra sociedad debe aspirar [...] y que en este libro se defiende por encima de todo. [...] Esta igualdad ética es perfectamente compatible con la diferencia [fáctica] que todos percibimos entre ambos sexos». La frase pertenece al libro Cuando nos prohibieron ser mujeres y os persiguieron por ser hombres, de Alicia Rubio: una obra que demuestra la inconsistencia científica y filosófica de la ideología de género, al tiempo que denuncia el sesgo ideológico de la Ley de Violencia de Género, que presupone la culpabilidad del varón, incentiva las denuncias falsas y discrimina por sexo a la hora de sancionar.

El 16 de Febrero, unos cien ultraizquierdistas y feministas asaltaron la Facultad de Derecho para impedir la celebración de un debate en el que iba a participar Alicia Rubio. Se les invitó a subir a la tribuna y debatir con ella, pero prefirieron seguir gritando. Llamaban «¡fascistas!» a los ponentes. Ellos, que aplicaban el manual de instrucciones de las juventudes nazis que en los años 30 reventaban las clases de los profesores judíos.

Habían decretado que el libro es machista sin haberlo leído. No es un incidente aislado: la misma semana, la presión de esos grupos había abortado una conferencia de Jokin de Irala en la Universidad de Cádiz y reventado otra de Philippe Ariño en Barcelona. Alborotos similares han sido frecuentes en los últimos años. Van creando en toda España una atmósfera de coacción similar a la que han sufrido desde hace décadas Cataluña y País Vasco. Ellos determinan quién puede hablar y sobre qué. Quien discrepe de sus dogmas es «fascista», «machista» u «homófobo», y se le puede silenciar con violencia.

Los grupos feministas, ultraizquierdistas y LGTB que protagonizan estos ataques reciben cuantiosas subvenciones públicas. El Estado financia y respalda a los nuevos inquisidores. La libertad de expresión y de debate está en serio peligro. Y no parece importarle a casi nadie.


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