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Crónicas dominicales

La interrelación poder-ciudadanos: vigilancia, indolencia y resistencia (I)

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30 may 2021 / 03:55 h - Actualizado: 30 may 2021 / 03:55 h.
"Crónicas dominicales"
  • La interrelación poder-ciudadanos: vigilancia, indolencia y resistencia (I)

El hecho de que mediante Internet y sus derivados las potencias mundiales traten de defenderse unas de otras y, de paso, nos vigilen, no debe asustarnos demasiado, sencillamente hay que cambiar el chip de lo que llamamos vida privada en lugar de seguir rasgándose las vestiduras y dejándose llevar por una especie de paranoia digital. Porque el Poder y el poder –el estructural y el coyuntural, ambos interactuando- tienen la obligación de vigilarnos, aunque sea de forma sutil, democrática, sonriente.

Le haré una pregunta al lector que se “obsesiona” por el hecho de que viva en un mundo de cámaras -ocultas o no- y otro tipo de elementos vigilantes: ¿qué haría él si fuera un elemento del Poder, con 60.000, 70.000, más de 100.000 millones de dólares (Jeff Bezos en 2020) o euros o libras de patrimonio? ¿Eliminaría el control social en nombre de una supuesta justicia, derechos humanos y bondad? Podría hacerlo, pero seguramente su “reinado” duraría poco porque los demás poderosos de su mismo lugar de nacimiento y de otras partes del planeta no lo harían y, por tanto, acabarían por vencerle. Ésta es la realidad y de ella hay que partir.

De Maquiavelo a otros

Sin ir más lejos en la Historia, vamos a permitir que la realidad nos retrotraiga al siglo XV, al, por ahora, inmortal pensamiento de Nicolás Maquiavelo, para que nos demuestre lo que ya sabemos: que lo que estamos tratando no es asunto novedoso de nuestros días, son novedosas las herramientas y las estrategias que originan grandes variaciones sobre un mismo tema.

Maquiavelo nos conduce a frases que a veces utilizamos los estudiosos de las ciencias sociales: «No hay testimonio de civilización que no lo sea también de barbarie» (Walter Benjamin). Sin embargo, a mí me parece trágica y plañidera la expresión de Benjamin. Otra de las frases elegida por algunos autores en sus obras -por ejemplo, María del Pilar Tello en su libro Del big data al big brother-, es de Yuval Harari pero Harari no es un apocalíptico como Benjamin, simplemente se limita a constatar los logros del Homo Deus pero no se escandaliza ni habla de barbarie, al contrario, si se examina bien su obra, lo contempla todo como la evolución natural de la especie, como el mercado capitalista en su desenvolvimiento, todo lo cual conlleva efectos que nuestra moral y ética pueden calificar como deseen. Benjamin habla de barbarie, pero yo no, yo creo que es la evolución natural de una especie, ya está, y que no se sabe hacia dónde camina exactamente dicha evolución.

Sostiene Harari, según María del Pilar Tello: “Con el Big Data, la inteligencia artificial y el aprendizaje automatizado, por primera vez en la historia empieza a ser posible conocer a una persona mejor que ella misma, hackear a seres humanos, decidir por ellos”. ¿Es esto una civilización que encierra barbarie? De ninguna manera, es un nuevo estadio evolutivo que le exige al humano mucho más de lo que hasta ahora su vivir le exigía, le exige algo que la mayoría de los humanos ni quiere ni puede hacer o ambos términos, no lo ha querido o podido hacer nunca en su historia: ser humanos, ser ciudadanos, esto es, cultivarse, apostar por el conocimiento y colocarlo por delante de la infoxicación o intoxicación por hiper-infornación, por infobesidad de datos.

Si por primera vez te pueden conocer desde fuera mejor que tú mismo, adelántate a ellos porque, a fin de cuentas, lo que dice Harari, sustancialmente, no es nada nuevo: el Poder siempre te ha conocido mejor que tú mismo; para venderte todo tipo de factores –desde objetos hasta ideas, principios y conductas- ha debido esforzarse por conocerte mejor de lo que tú te conoces. Lo que ahora es nuevo no es el hecho en su esencia sino las tecnologías y las técnicas para consumar una realidad ancestral. Pero es que también tú puedes conocer al Poder mejor que nunca, por eso las visiones catastrofistas y paranoicas consuman un tratamiento no absolutamente científico del asunto.

¿Por qué no actuamos?

Entonces, ¿por qué no actuamos y con las armas que tenemos procuramos conocer al Poder mejor que él a él mismo y de esa forma intentamos equilibrar algo la balanza? Se hace, claro que se hace, pero de forma mínima y desarticulada. ¿Por qué no lo hacemos mejor, mucho mejor? Muy sencillo, porque no tenemos 60.000 o 70.000 millones de patrimonio ni somos accionistas relevantes de ningún emporio empresarial-financiero, ni somos políticos que sirvan a este hecho, no lo hacemos porque nuestro cerebro tiende a la comodidad desde el punto de vista neurocientífico como afirman expertos de la talla de Cordelia Fine; porque no nos han enseñado a cuestionarlo todo desde pequeños, porque tenemos cubiertas nuestras necesidades más elementales y porque nos ahoga una situación de ignorancia a veces estructural, a veces teóricamente aceptada. Es decir, porque hay analfabetos reales y analfabetos funcionales.

Como se habrá deducido, el dominio de la sociedad del Big Data sería mucho menor si la ciudadanía en general se uniera en un solo propósito: defenderse de ella mediante el compromiso democrático que fuera mucho más allá de la crítica de cantina o de círculos más o menos ilustrados y persiguiera una verdadera estrategia de empoderamiento frente a quien intenta que no la posea; se precisan unos segmentos sociales amplios que tengan en cuenta la voz de alarma que se expresa desde ámbitos intelectuales los cuales, al mismo tiempo, proyectan también un mensaje claro: sólo conociendo el problema podremos intentar resolverlo.

¿Quién asesora a los ciudadanos para que cumplan su misión de ser ciudadanos demócratas, esto es, para que realmente la democracia sea el gobierno del pueblo más allá de votar cada equis años? Pues en gran medida esa misión de asesoramiento se lleva a cabo desde la universidad y desde el periodismo riguroso. El Poder siempre ha estado bien asesorado, el Poder se diferencia de los ciudadanos en que posee mucha más información que los humanos de a pie y además información interpretada por sus expertos a sueldo que es lo que convierte a la información en conocimiento (ya abordé este asunto en mi libro de 1995 El control, de la comunicación de masas).

El Poder, las leyes y la fuerza

Volvamos al caso de Maquiavelo quien en El príncipe le sugiere al gran Lorenzo de Medici cómo se debe adquirir y conservar poder.

■ “Es menester, pues, que sepáis que hay dos modos de defenderse: el uno con las leyes y el otro con la fuerza. El primero es el que conviene a los hombres; el segundo pertenece esencialmente a los animales; pero, como a menudo no basta, es preciso recurrir al segundo. Le es, pues, indispensable a un príncipe, el saber hacer buen uso de uno y otro enteramente juntos. Esto es lo que con palabras encubiertas enseñaron los antiguos autores a los príncipes, cuando escribieron que muchos de la antigüedad, y particularmente Aquiles, fueron confiados, en su niñez, al centauro Chirón, para que los criara y educara bajo su disciplina. Esta alegoría no significa otra cosa sino que ellos tuvieron por preceptor a un maestro que era mitad bestia y mitad hombre; es decir, que un príncipe tiene necesidad de saber usar a un mismo tiempo de una y otra naturaleza, y que la una no podría durar si no la acompañara la otra”.

El Príncipe actual es la coordinación entre políticos neoliberales y socialdemócratas, fondos de inversión, banca, grandes empresas tecnológicas –o no, pueden ser automovilísticas, constructoras, bélicas...-, estructuras mediáticas..., elementos que, aunque estén inmersos en una dinámica de confrontación mercantil y en un juego político preestablecido, están condenados a entenderse para caminar hacia un gobierno mundial, al menos en el llamado mundo occidental y en partes concretas del no occidental que pueden estar en ese gobierno porque a nadie se le escapa que China puede entrar en conflicto arancelario con Estados Unidos pero son momentos coyunturales, lo realmente importante es que por primera vez en la historia de la comunicación mundial hay corporaciones chinas entre las 30 grandes del mundo mediático-comunicacional, como son los casos del buscador Baidu (el Google chino, porque Google está prohibido allí), la televisión CCTV –que podemos ver en español en Internet- o el famoso conglomerado Huawei que encabeza una plataforma de entretenimiento en alianza con varios grupos occidentales, empresas a las que se han unido Alibaba (la Amazon china) y Tik Tok/ Douyin en China -servidora de videos cortos- a la que pretendían algunas corporaciones occidentales hasta que el gobierno chino se ha arrogado la potestad de dar el visto bueno a cualquier venta.

El Poder podría actuar mediante la fuerza bruta pero, ¿para qué, si le ha entregado a la gente unas herramientas con las que, por regla general, “juega” a intercambiar frases, elogios, escarnios, insultos, imágenes, en un totum revolutum que convierte al ciudadano en una especie de cibersúbdito, él sólo se ficha y coloca sus datos en la red para que el poder tome nota y pueda seguir sus pasos, tan sólo con llevar encima un celular inteligente o el chip de una tarjeta de compra el Poder ya sabe lo que haces y dónde estás, basta entonces no ya con utilizar el Big Data sino ir más allá y llegar a lo que se llama el Smart Data para intentar venderte cualquier cosa y, si es necesario, entregar tus datos a un gobierno o a unos servicios de espionaje.

Maquiavelo es inmortal. El florentino añade que el control se debe hacer con el ser humano porque se trata de alguien malo por naturaleza que precisa de la ley y de la fuerza bruta para ser “domesticado”:

■ “Obsérvese bien que si todos los hombres fueran buenos este precepto sería malísimo; pero como ellos son malos y que no observarían su fe con respecto a ti si se presentara la ocasión de ello, no estás obligado ya a guardarles la tuya, cuando te es como forzado a ello”.

■ “Pero es necesario saber bien encubrir este artificioso natural y tener habilidad para fingir y disimular. Los hombres son tan simples, y se sujetan en tanto grado a la necesidad, que el que engaña con arte halla siempre gentes que se dejan engañar”.

■ “No hubo nunca príncipe nuevo ninguno que desarmara a sus gobernados; y mucho más cuando los halló desarmados los armó siempre él mismo. Si obras así, las armas de tus gobernados se convierten en las tuyas propias; los que eran sospechosos se vuelven fieles; los que eran fieles se mantienen en su fidelidad; y los que no eran más que sumisos se transforman en partidarios de tu reinado”.

Claro, toda esa presunta maldad del ser humano se está canalizando en buena medida a través de Internet que sirve de catarsis a muchos habitantes del planeta. Tal vez Maquiavelo diría que, a pesar de su aparente papel subversivo –que lo tiene- es, al mismo tiempo, una excelente arma de dominación que debe ser usada correctamente ya que “el que engaña con arte halla siempre gentes que se dejan engañar” y se dejan engañar puesto que las gentes “se sujetan tanto a la necesidad” ... Seguiremos con este asunto en una próxima entrega.


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