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La vida del revés

La madre de todas las movidas

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30 dic 2020 / 08:47 h - Actualizado: 30 dic 2020 / 08:55 h.
"Opinión","Internet","Redes Sociales","La vida del revés"
  • La madre de todas las movidas

¿Puede ser el mundo un sitio mejor que el que es ahora? Desde luego que sí. ¿Existen soluciones alejadas de la demagogia o la utopía? Desde luego que no. Así de sencillo; así de cruel y doloroso. Un mundo ordenado alrededor del dinero, gobernado por el dinero y que tiene como objetivo el dinero, no tiene solución posible. Cuando el mundo vuelva a ser gobernado por las personas, se ordene alrededor de la raza humana y tenga como único objetivo a sí mismo, tal vez, la cosa cambie. Quizás sea tarde si eso llega a pasar alguna vez en la historia.

De momento, habrá que cambiar el sistema de megafonía. Ahora escuchamos, sin parar, compre, gaste, tema al futuro, el mundo se acaba, deje que nosotros se lo resolvamos, compre, gaste, compre, gaste; no, usted no, esto es para ricos; compre, muérase de miedo. Los medios de comunicación nos torturan con mensajes muy claros y muy vacíos. Nos meten el miedo en el cuerpo los políticos desde sus periódicos, sus emisoras de radio o en Internet. Sólo podemos escuchar a los que nos han metido en problemas. Y no tienen nada que decir. Lo único que desean es que gastemos nuestro dinero (lo poco que nos dejan) y que necesitemos su protección ante un mundo horrible. Sólo escuchamos sus mentiras. Habrá que cambiar el sistema de megafonía. Porque hay miles de personas que saben decir y han sabido pensar. Son los que ya avisaron de lo que venía por el camino, son los que siguen avisando de que el camino es otro bien distinto. No escuchemos a cualquiera. Esta pandemia que estamos sufriendo se veía venir y los científicos llevaban años advirtiendo, pero como si hubieran dicho ‘arroz catalina’.

Y, de momento, habrá que modificar algunos hábitos. Queremos que todo funcione muy bien. Creemos que todo funciona muy bien. Pero, en realidad, nada funciona como es debido. Todo chirría. Hay que empezar a mirar con atención. Nos han enseñado a no mirar, a no pensar, a no quejarnos. Eso hay que cambiarlo. Igual que llevamos el vehículo al taller de mecánica si algo no funciona, habrá que llevar al mundo hasta el taller que tenemos sobre los hombros. Pensando el mundo llegaremos a la solución. Malgastando el mundo no hay futuro. Ese hábito tan peligroso que nos han inoculado y que consiste en pensar que nada tiene solución hay que hacerlo trizas. Piensen, por ejemplo, la que se liaría si todos (pero todos a una, sin fisuras) dejáramos de comprar agua mineral durante un año. Si dejáramos de hacerlo hasta que enviasen, por narices, el diez por ciento de la producción a los países que lo necesitan. No olviden que eso de beber agua embotellada es una ridiculez que dejaría atónito a cualquier persona que pensara sobre ello, no olviden que es un gesto snob (y un snob es un imbécil disfrazado de snob). Si lo hiciéramos, les garantizo que las cosas cambiarían. Piensen en millones de móviles apagados durante un par de semanas. Bajarían las tarifas. Ya lo creo. Y así cualquier cosa que tenga que ver con este poderío sin límite del consumo. ¿Perderíamos algo por el camino? Nada de nada. Cambiar los hábitos no cuesta nada. Es gratis. Pero para ello hay que modificar ese sistema de megafonía engañoso que nos deja anulados como sociedades.

¿Hay en el mundo alguien capaz de echarle narices y conseguirlo? No busque. No, no, no. Es usted. Y yo. Sólo hace falta que utilicemos estos medios de comunicación incontrolables (Internet es una herramienta destinada a cambiar el mundo otra vez). Y esto dará un vuelco, por narices. Comiencen a convencerse, no escuchen los mensajes terroríficos que nos envían, crean en ustedes mismos. El gran cambio está por llegar. ¿Se va a quedar usted fuera de la madre de todas las movidas?


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