jueves, 21 octubre 2021
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La mochila oculta de Pablo Iglesias

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25 jul 2021 / 04:00 h - Actualizado: 25 jul 2021 / 04:00 h.
"Pedro Sánchez","Pablo Iglesias","Amancio Ortega"
  • Pablo Iglesias en una imagen reciente. / @jorgeresina
    Pablo Iglesias en una imagen reciente. / @jorgeresina

Pablo, sucede con frecuencia que el poder tiende a deconstruir aquellos personajes que resultan incómodos. Lo trascendente acaba en comedia, como una sucesión de whiskies al acabar el día.

Uno de sus ejemplos, zaherido hasta la extenuación, es el “pequeño Nicolás”, cuya última condena, converge con el anuncio de la enfermedad (debe ser la defección del poder) de Soraya, creadora del personaje.

Tu gesto de cortarte la coleta, ha dejado enterrados los únicos vestigios de la izquierda posible en el umbral de la utopía.

Ver esta semana a un “socialista” como se supone de Pedro Sánchez, de “gira” por USA., travestido de Superman y llamando a las puertas de los Fondos Capital Riesgo y hasta la Fundación Clinton, desconsuela como ese príncipe que nunca fue, deshonrando las tumbas de Azaña o Machado que visitara en plena campaña de captación de votos de algún rojo incauto.

Ese despojo del símbolo del toreo, representa algo así como la licencia de oficio prohibido, en el juego de la muerte entre el animal y su ejecutor, cuya pérdida desprovee a éste de luz aurea, como la de oro, apenas atributo de quien tiene derecho a esa suerte póstuma.

Y es que no es suficiente con sustituir el lustroso cuero de la cartera de Vicepresidente, por una pequeña mochila negra, como tampoco la pusilánime crítica a Amancio Ortega o a Fundaciones como la de Botín o la de Rafa Nadal, tapizadas bajo el reclamo de eso que llaman la “responsabilidad social corporativa”, que no es más que el diazepan de los ancianos, mientras los edecanes negros vuelan tras de sus ventanas.

Uno de cada dos dólares percibidos por sus acciones “solidarias”, engrosan las fortunas de sus dueños. Los mercados no se optimizan por sí solos, sino que es preciso guiarlos, y por eso tu adiós, es una suerte de rendición para una sociedad que se debate entre la miseria extrema de más de ciento cincuenta mil niños andaluces; o la perpetuación, entre las diez más pobres de España, de ciudades como El Puerto o Sanlúcar de Barrameda; mientras sus mares acogen el látex de los preservativos -cuando no es a pelo-, que arrojan los madrileños, antes de retornar a la libertad de Ayuso.

Pablo, nos hemos dejado encantar por los Galapagares o sus sirenas, ya sean Monteros o Vestrynges, como si no fueran los mismos versos que nunca tumbaron y ni siquiera se escribieron sobre Aznar y la Botella o Felipe y Carmen Romero.

La entrega de nuestros escasos activos a esos fondos de inversión, provocará que uno de cada tres jóvenes españoles siga sobreviviendo limpiando culos en Hospitales ingleses o sirviendo en boutiques de ropa vintage camino de Montmartre.

Decía Groucho Marx que no conviene ser socio de ningún Club que te ofrezca serlo. Buena lección para Podemos y la izquierda en su laberinto, como silente frente a la ira del oso.

Así que Pablo, ya solo nos queda la disidencia frente a la sublevación de la naturaleza en forma de virus, porque de la mochila, solo resta el subsidio en forma de renta universal. Pero eso sí, todo en buenas manos... las del mismo patrón, sí, el mismo que determina quién lo cobra o no....


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