lunes, 03 agosto 2020
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La vida del revés

La muerte de Aless Lequio y la muerte de todos

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13 may 2020 / 16:50 h - Actualizado: 13 may 2020 / 17:00 h.
"Opinión","La vida del revés"
  • Aless Lequio con sus padres.
    Aless Lequio con sus padres.

Los jóvenes no deberían morir. Los padres no deberían quedarse tan solos en este mundo. Es de una crueldad tan extrema que, siendo padre de cuatro hijos, no he podido resistir la tentación de escribir unas líneas.

Un hijo que pierde a los padres es un huérfano. El padre y la madre que pierden a un hijo ni siquiera tienen una palabra con la que podamos referirnos a ellos. Es tan extraño, tan duro, tan doloroso, tan innecesario, que nadie ha querido inventar esa palabra que, de existir, sería el nombre de una tortura indescriptible.

Grises. Las personas se vuelven grises al perder a sus hijos. Yo lo he visto en mi casa.

Aless Lequio era, hasta hace unas horas, un joven enfermo. Intentaba superar un cáncer. No ha podido ser y provoca gran dolor pensar en cómo sus padres, Ana Obregón y Alessandro Lequio, estarán sufriendo. Experiencia terrible.

En unos días, se cumplirán 20 años desde que murió mi hermano Antonio. He vivido cómo mis padres se derrumbaban en un instante, he aprendido que mi madre (mi padre ya murió) cada cosa que dice o hace es con el pensamiento lleno de hijo (del que falta). Perder un hijo no puede decirse. El que trata de explicarlo es que no sabe que las palabras son como cuencos que tienen una capacidad determinada para el significado y que algunas de ellas no pueden abarcar lo que quieren expresar; y que la suma de muchas no sirve para expresar un dolor como es el que provoca perder un hijo.

En esta época de tanta muerte y de tanto dolor causado por la Covid-19, la muerte a los 27 años de este muchacho nos recuerda que el mundo sigue triturando vidas de cualquier forma imaginable. El coronavirus se ha sumado a todas las formas de muerte posible que ya conocíamos.

Me angustia. Me asusta. Y me entristece pensar en todos los padres que han perdido a uno de sus hijos. Y es que la muerte de un ser humano es un poco la muerte de todos.


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