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La Gazapera

La resurrección de El Carbonerillo

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
03 abr 2021 / 09:45 h - Actualizado: 03 abr 2021 / 09:03 h.
"La Gazapera"
  • La resurrección de El Carbonerillo

Anoche se revolucionó Facebook cuando puse en mi muro documento audiovisual del cantaor macareno Manuel Vega García El Carbonerillo, que nació el 8 de febrero de 1906 en la calle Sol de Sevilla y que murió el 6 de abril de 1937 en la calle Don Fadrique, 51, de esta misma ciudad, víctima de tuberculosis pulmonar. Murió a la corta edad de 31 años, roto por el desamor y el alcohol. Esa película, en la que canta dos tarantas acompañado a la guitarra por el macareno Antonio Peana, se grabó en el Cenador del Alcázar en diciembre de 1929, no se conocía y se encuentra en la Universidad de Carolina del Sur según datos que aportó anoche mismo el bailaor Rafael Estévez.

Un verdadero hallazgo, porque no se había visto jamás una imagen viva de este genio del cante sevillano, que revolucionó el género jondo a finales de los años veinte junto a Pepe Pinto, el Niño de Marchena y otros cantaores. Destacó en el fandango, pero cantó muy bien otros palos como las soleares, las seguiriyas, las colombianas o las tarantas, como queda claro viendo el vídeo, con dos cantes de Linares siguiendo el patrón del Niño de Marchena, el genio de la época. Cantaron mucho juntos desde niño y eran parecidos, sobre todo en los años veinte. Debutaron ambos en el Café de Novedades de Sevilla, que estuvo en la Campana hasta 1923, siendo niños.

En el vídeo aparece Manuel Vega García, que así se llamó, con chaquetilla corta blanca y sombrero de ala ancha. Tenía solo 23 años y había grabado sus primeros discos hacía solo un año, en 1928, con el guitarrista Niño Ricardo en el sello Regal. Estaba, pues, en todo su apogeo y se había convertido en ídolo de masas gracias sobre todo a cómo cantaba por fandangos, con un sello muy personal cercano al de Pepe Pinto, con el que se crió en la Macarena. Y a las letras que cantaba, dedicadas a su madre, Rocío García Cuesta, y a la novia que lo abandonó y lo dejó hundido en la miseria. De hecho, se refugió en la bebida siendo muy joven y el alcohol lo llevó a la muerte, aunque muriera tuberculoso.

Todavía se puede ver su lápida en el osario del Cementerio de San Fernando de Sevilla, que visito siempre que voy a algún entierro. Impresionante hallazgo, sin duda, de Retablo Andaluz.


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