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Los medios y los días

La sabiduría de Miguel Ángel Villar

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08 sep 2022 / 04:00 h - Actualizado: 08 sep 2022 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • Miguel Ángel Villar, primero por la derecha en la fotografía, junto a los miembros de Gallo de Vidrio, José Matías Gil, Benito Mostaza, Rosalba Mancinas, Carmen Arjona, Isaac Prieto y Ramón Reig. El cuadro que sujeta José Matías Gil es del propio Villar, un gallo republicano entre rejas. / El Correo.
    Miguel Ángel Villar, primero por la derecha en la fotografía, junto a los miembros de Gallo de Vidrio, José Matías Gil, Benito Mostaza, Rosalba Mancinas, Carmen Arjona, Isaac Prieto y Ramón Reig. El cuadro que sujeta José Matías Gil es del propio Villar, un gallo republicano entre rejas. / El Correo.

Miguel Ángel Villar es mi amigo y eso es palabra muy seria. Podrá estar en Sevilla, en Los Cerros de Úbeda, en Babia o en El Cerro de Andévalo que es donde suele habitar con su señora y señora de sus pensamientos, que atiende por Maribel Pavón y es, asimismo, mi amiga. Si los vascos nacen donde les da la gana, Miguel Ángel Villar puede estar donde le plazca que allí donde esté será mi amigo, en el despiste o en la sabiduría. Viene a esta sección porque ha editado una antología de su poesía, desde los años 70 hasta hoy. Se llama Volver atrás, coedición entre Fenix Editora y el Colectivo Cultural Gallo de Vidrio que este año celebra su 50 aniversario.

Villar siempre ha sido de aspecto tímido y cauto. Además, muy observador y sabio, con dotes psicológicas notorias. Cultiva el verso, la pintura e incluso el cuento, esta antología contiene uno y sin embargo no tiene nada de cuento sino que hay versos que son sentencias, versos que Miguel Ángel ha ido pariendo estos decenios, sin epidural, a pelo, asumiendo su profundidad, su eco popular, su capacidad comunicativa. No hay que recurrir a un diccionario de mitología para leer a Villar porque nunca ha creído conveniente liarse a nombrar dioses y diosas en plan barroco para que te tengan por el erudito que no eres. Villar extrae su erudición observando la calle y mirando dentro de sus entrañas. Dice en la introducción que es un “humilde autor”. Pues estos son los que valen, los que huyen, por ejemplo, del folklore de premios y certámenes literarios o de rencillas porque no me han incluido en una antología, a mí, a mí, que soy un gran poeta. Villar escribe y ya está, que el viento de la Historia lo coloque en su lugar y, si no, él ha hecho lo que tenía que hacer, punto.

Vamos con una pequeña selección de sus palabras, las que creo que desprenden más sabiduría. En el poema que le da título a toda la obra, “Volver atrás”, leo: “quiero jugar a loco,/ al vértigo de la luz cegadora/ que me saque de la oscuridad/ en que impotente vivo”. Esto se llama enfrentarse con uno mismo para ser humano, no un seguidor de Tele 5. “Esa paloma que vuela/ con una rama de olivo,/ ¡qué peso tan grande lleva!”. Y tanto, como que no hay que fiarse de nadie que venda paz. “Que yo no busco más suerte/ que morirme junto a ti/ pa’gritá’ ¡viva la muerte!”. Nada de morirse en el campo de batalla trabajando para los que luego se lo llevan calentito, cuando uno ha llegado al último tercio de su vida, eso que dice Villar es precisamente lo que se desea. Por otra parte, Villar me recuerda con sus textos aquel puente de madera que cruzaba el Guadalquivir en mi niñez y más adelante se queja de aquel río apestoso que tuvimos que soportar demasiado tiempo.

Les recomiendo en especial cuatro poemas: “Y no rompo mis cadenas”, “56 años”, “No me preguntes” y “Malaventurados”. El primero aborda sin cobardías lo positivo y lo negativo de la soledad (“La celda es mi refugio”, “quiero vivir libremente preso”). “No me preguntes” aspira a lo imposible, pero al menos hay que decirlo, como hizo Don Alonso Quijano: “Busco la justicia/ antes de que me muera:/ necesidad antigua,/ libertad nueva”.

“Malaventurados los pobres/ porque ellos serán más pobres./ Malaventurados los tristes/ porque sólo encontrarán pena/ Malaventurados los limpios de corazón/ porque los tomarán por tontos./ Malaventurados los oprimidos/ porque siempre habrá un opresor”. Claro, ya está bien de poner la otra mejilla. Mientras te llega o no la hora de ser un bienaventurado, te hartan de bofetadas. Hay que ser más sabio en este mundo donde sólo respetan la fuerza: “Malaventurados los pacíficos/ porque ellos también entrarán en la OTAN”. Así se escribe, amigo del alma.


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