domingo, 17 octubre 2021
22:12
, última actualización

La valentía de servir

Image
14 jun 2021 / 12:24 h - Actualizado: 14 jun 2021 / 12:29 h.
$hmKeywords_Schema
  • Santa María Micaela.
    Santa María Micaela.

Hoy, las Hermanas Adoratrices, celebran su fiesta. La fiesta de Santa María Micaela, su fundadora. Fue una mujer valiente, y contra viento y marea estableció un proyecto de atención a las mujeres con una impronta propia: Amar hasta el infinito a las mujeres vulnerables, haciendo que la dignificación fuera el centro de su trabajo.

Era una mujer con una formación de alto nivel para los cánones de la época, viajera incansable y luchadora, llegando inclusive hasta el agotamiento personal. Creía en el proyecto que deseaba impulsar y su fe le hacía caminar sin descanso. Se dedicaba a la vida social que, por pertenencia familiar, le correspondía cumplir; pero al mismo tiempo no dejaba su verdadera vocación que era la de servir a las mujeres más vulnerables. Jornadas de 24 horas. Su rostro siempre iluminado y sereno, ni un desprecio hacia nadie, todo era disponibilidad.

Pero ¿de dónde le venía la fuerza? Hay que ser conscientes que hoy día, año 2021, hablar de Fe, con mayúsculas no se lleva; sin embargo, la fortaleza de su proyecto le venía directamente de Cristo. No era su proyecto, era el proyecto de Dios. Sabía que era un simple instrumento; pero no por ello se alejaba de su responsabilidad. Desarrollar un proyecto de servicio a las mujeres vulnerables suponía también tener capacidad de gestión. Tuvo sus dudas al respecto; pero al final se decidió por fundar una Institución que pudiera dar respuesta a las necesidades de infinidad de mujeres atropelladas por la vulnerabilidad. Mujeres con una dignidad rota. Pero mujeres con ganas de luchar.

Santa María Micaela supo escuchar el clamor de estas mujeres. Sabía que afectivamente necesitaban de un apoyo especial y comprendió que era necesario estar a su lado.

Micaela se convirtió en servidora, su centro era el ayudar a dignificar a cada mujer, no le importaban las circunstancias por las cuales podía haber llegado a una situación de alta vulnerabilidad; lo que ella quería era transmitirles comprensión y mucho amor. Eran el centro de su proyecto y siendo el centro se habían convertido en sus amigas, en sus hermanas, en sus confidentes, en su esperanza porque la ESPERANZA en Micaela se escribe con letras grandes. Era la ESPERANZA porque Cristo, con su infinito Amor, se hallaba en sus vidas.

Micaela era la servidora de Cristo; pero no una mujer sin carácter y sin empeño. En la Eucaristía encontraba la Fuerza; pero también era el espacio para relatarle a Cristo su vida, sus necesidades, sus angustias, sus miedos y sus sueños. Era el lugar privilegiado en donde ella encontraba su alimento para no dejarse arrebatar por el desánimo.

Como todo proyecto innovador tuvo que enfrentarse a enemigos y luchar para defenderse de las acusaciones y de los chismes que muchas personas e instituciones hacían circular respecto a al nuevo proyecto y hacia su persona. Siempre tuvo la certeza de que Dios no la dejaría caer, al contrario, cuando alguien con malas intenciones hablaba mal de ella, siempre respondía con delicadeza y con afecto. Era una mujer con sentido común y, sobre todo, con la confianza puesta en la Eucaristía. Era su Centro, el centro que cada mujer vulnerable ocupaba en su vida.

Hoy, son muchas las personas que acompañan a las Adoratrices, y lo hacen dejándose inundar del espíritu de Santa María Micaela. Tienen una tarea especial que cumplir. Micaela innovó y propuso un proyecto nuevo. Después de tantos años, camino de los 200, su obra continúa y lo hace renovándose cada día para proponer nuevas formas y maneras de servir.

Conviene no olvidar que las Adoratrices están ahí, trabajan sin descanso. Son religiosas, son mujeres, entregadas y generosas. Son profesionales. Son luchadoras y sobre todo son personas que encuentran en la Eucaristía el verdadero sentido de sus vidas. Unas vidas dedicadas al servicio y a la misión de acompañar a mujeres vulnerables y de trabajar por lograr que éstas puedan encontrar su dignificación.

He tenido el inmenso regalo de estar muy cerca de su misión. Ahora, aunque alejado de la primera línea, sigo soñando junto a Santa María Micaela que será posible desarrollar el proyecto de servicio que actualmente la sociedad necesita para atender al gran número de mujeres vulnerables que existen en nuestro mundo. Un sueño que tendrán que llevar adelante religiosas adoratrices y laicos dispuestos a saber entender el rol que la sociedad les pide dentro de una Institución que encuentra su existencia en el valor de la Eucaristía.

Las Adoratrices son revolucionarias, sí revolucionarias del Amor infinito de Cristo. Aunque la sociedad ignore a Cristo. Cristo está presente por medio de estas mujeres valientes, audaces y entregadas hasta el límite.

¡Ojalá! que las Administraciones Públicas las tuvieran más en cuenta desde la perspectiva de trabajar con ellas el desarrollo de Planes Concertados o de Consorcios de atención especializada a mujeres vulnerables. Es mucho lo que pueden aportar estas mujeres y las Administraciones deberían escucharlas.

Feliz Fiesta Hermanas, feliz fiesta para las personas que colaboráis y, sobre todo, Gran Fiesta, la Fiesta del Amor Infinito para las mujeres vulnerables que son el centro de la vida adoratriz. Un centro que se afianza en la Eucaristía.


Edictos en El Correo de Andalucía Empleo en Sevilla