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Los medios y los días

Las cucarachas son inmortales

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08 ago 2022 / 06:19 h - Actualizado: 07 ago 2022 / 13:21 h.
"Los medios y los días"
  • Las cucarachas son inmortales

Estaba leyendo a Hannah Arendt pero me aburro tanto con ella y sus revuelos mentales que me he acordado de las cucarachas. La que dicen que es la filósofa más importante del siglo XX no puede evitar acudir a lo celestial cuando aborda el tema de la naturaleza humana y entonces prefiere hablar de condición humana porque afirma que no podemos conocer cuál es la naturaleza humana. Está despistada la señora, comprendo que ya han pasado años por su vida y por su muerte y su figura no ha resistido eso a pesar del apoyo de gran parte de la intelectualidad. No puedo perder ya mucho tiempo con estos nuevos místicos de la progresía y como nadie escarmienta en cabeza ajena que ella se quede con sus antiguallas y yo con mis verdades que son las auténticas. Entonces me he acordado de las cucarachas, la verdad es que ya las tenía en la cabeza antes de seguir leyendo a Arendt, lo que he hecho ha sido retomarlas tras mandar a la filósofa a las nubes en las que está.

El calor que hace y está haciendo provoca la salida en masa de este bicho que sin duda sobrevivirá a nuestra especie si terminamos a base de calor, frío o lluvias a lo bestia o bien víctimas de bombazos. O sencillamente seguimos diciendo que estamos vivos cuando en realidad nos hayamos convertido en zombis digitales del carpe diem, amnésicos de que hubo un tiempo en que existió algo llamado conocimiento, esto es, los hechos de ayer y hoy convenientemente interpretados, incluyendo los análisis de Hannah Arendt que aprietan pero no ahogan y no sobran.

Esas cucarachas valerosas que aparecen por todas partes serán, junto con las bacterias, las supervivientes seguras de un supuesto fin del mundo humano. Son valerosas, no retroceden nunca, al revés, a veces te atacan como si fueran camicaces, las muy ingenuas. Se cachondean de insecticidas que hace años las liquidaban en pocos minutos, se burlan de esos enchufes que se supone que las espantan, se colocan patas arriba para que les dé el aire y cuando te crees que están cao salen zumbando como relámpagos. Estos bichos y las ratas nos dan asco y yo me pregunto por qué. Debe ser porque en otros siglos nos han transmitido enfermedades mortales y nuestro ADN ha tomado nota de que hay que matarlos a la más mínima. Me he convertido en un cucarachicida implacable, las persigo con el bote de veneno y con mis pies calzados y cuando puedo las piso y oigo ese impresionante click que suena cuando las aplasto. Lo de que dejan los huevos en el suelo es una tontería pero por si acaso rocío con veneno las manchas de su trágica muerte. Una vez aplastadas, abro la puerta y de un certero derechazo las largo a la calle.

Sin embargo, vuelven y vuelven, son como las hormigas, otra especie odiosa que no morirá nunca, que no dan nunca de mano, parece que no firman convenios colectivos con la reina del hormiguero y las tiene trabajando noche y día. Para mí que las cucarachas han llevado mal las olas de calor pero ya se la pasarán por el arco de sus patas. Los medios les están dando mucha importancia, emiten tonterías veraniegas como cuando escribíamos en estos tiempos sobre el monstruo del lago Ness porque decíamos –falsamente- que no había noticias, con miles de millones de seres humanos en el planeta y afirmábamos que no había noticias cuando los políticos se iban de vacaciones, eso es tener cara.

Los medios afirman que con trucos hechos a base de hojas de laurel o de ajos y otros productos las cucarachas van a salir corriendo. Será en un primer momento, luego ya se acostumbrarán, como el del chiste que les recuerdo. Va un tío por la calle llevando a un cochino atado con una cuerda y se encuentra con un amigo. “¿Adónde vas con ese cochino?”. “A mi casa, me ha tocado en una rifa”. “Pero, ¿y la peste?”. “Ya se acostumbrará”.

Las cucarachas se acostumbran a todo, se reproducen que da gusto, al contrario que la población humana en España. Son inmortales, por muchas que matas, vienen más y más. Y toda esta dinámica es más apasionante que leer las opiniones religiosamente correctas de una filósofa como Hannah Arendt sobre la naturaleza humana.


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