Los medios y los días

Las leyes del audiovisual traen follones

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03 jun 2022 / 04:00 h - Actualizado: 03 jun 2022 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • Las leyes del audiovisual traen follones

El mundo de la Comunicación está lleno de intereses. Ya no se trata de sintonizar TVE o el UHF (hoy La 2), que es todo cuanto teníamos cuando Franco. Ahora el audiovisual es una enorme telaraña de poderes de diverso tipo. En 1956 se inauguró la TV en España. Entonces habría unos 500 o 600 aparatos en todo el país, la mayoría de los cuales estaban en Madrid. Lo que hoy conocemos como La 2 entonces era el UHF (Ultra High Frequency), el otro canal, también público, que se abrió hacia 1969. Los que lo tenían eran unos privilegiados.

A principios de los 80 se constituyó el Grupo RTVE, por esa década empezaron a aparecer televisiones locales y autonómicas (Canal Sur en 1989). A finales de los 80 dio sus primeros pasos Antena 3 TV y en los inicios de los 90 Tele 5 y un Canal+ que había que pagar por verlo y que ofrecía como gancho películas sin cortes publicitarios, combates de boxeo y corridas de toros. La cosa se complicaba, la llegada de tanta televisión pública y privada intensificó la creación de productoras, las grandes empresas eran como los soles a cuyo alrededor giraban los planetas en forma de firmas privadas que ofrecían contenidos variados, sobre todo destinados al ocio. Hasta los presentadores y creadores de programas de éxito en las grandes cadenas de televisión se separaban de la empresa madre para realizar esos programas en sus propias productoras y luego venderlos a quienes propiciaron que la gente los conociera.

El negocio a escala cada vez mayor estaba servido y, con él, la politización, el tráfico de influencias y el crecimiento del sector privado audiovisual. Una de las consecuencias fue la petición insistente por parte de ciertos sectores empresariales y políticos de la desaparición de la televisión pública, aquella que fundo Franco en 1956 y por la que no cobraba nada mientras que alemanes, franceses e ingleses sí debían hacerlo, dicen que para garantizar la independencia de estos medios y para que no le saliera tan caro al erario público. Es una media verdad, una televisión pública siempre, siempre, será más libre que una privada al igual que una universidad pública siempre será más universidad que una privada. En cuanto al dinero, se racionaliza el gasto, se cierran chiringuitos y se deja la televisión pública que, en el caso de España, el Grupo RTVE no es sólo TV y radio sino orquesta y coros, un instituto de estudios que edita excelentes libros, así como un sello discográfico que presta atención a esas músicas populares de las que lo privado ni quiere oír hablar porque no son rentables y sin embargo forman parte del patrimonio cultural y son señas de identidad de un pueblo. TVE no se cerró, pero Zapatero le quitó la publicidad en 2010 para que las privadas estuvieran más contentas.

Como se sabe, el pasado 26 de mayo se aprobó la ley del audiovisual en España que es la ley del PSOE por cuanto su socio de gobierno, Podemos, se abstuvo, en coincidencia con el PP. Por tanto, la ley es legal y dice aplicar el espíritu de la UE pero en España sufre de escaso respaldo parlamentario y las productoras satélite de las televisiones majors se han rebelado porque afirman que beneficia a las productoras más cercanas a las grandes cadenas. Las abstenciones de Podemos y del PP son muy significativas. A Podemos le gustan las leyes del audiovisual que se aprobaron en América Latina por parte de la llamada Nueva Izquierda Latinoamericana. Levantaron follones internacionales. Ese “amor” por este aspecto latinoamericano fue uno de los motivos de la abstención. Al PP le agrada que se beneficie a la UE, a las cadenas de televisión privadas y a las telecos, aunque en el duopolio televisual haya una presencia muy alta de capital no español (en Antena 3 de los alemanes del Grupo Bertelsmann, los italianos de De Agostini y en Tele 5 de Berlusconi y su Fininvest, aliada con los franceses del consorcio Vivendi).

Al margen de las razones que puedan tener las productoras insatisfechas con la ley, hay algo que supongo que saben: ancho es el planeta Tierra, deberían pensar mucho más en clave global y no estar tan arrimados a las grandes cadenas de televisión presentes en España. Es lógico que no deseen sentirse discriminadas, pero me dicen que estamos en un mundo competitivo donde habrá que unir a las relaciones públicas con las televisiones importantes la presencia mundial de los productos audiovisuales españoles.


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