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Las patatas fritas de Belen Esteban y todos los tontos que hacen relojes

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18 nov 2021 / 10:28 h - Actualizado: 18 nov 2021 / 11:07 h.
"Opinión"
  • Las patatas fritas de Belen Esteban y todos los tontos que hacen relojes

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Imaginen que alguien les ofrece un gazpacho o un salmorejo elaborado de forma industrial. Les advierten de que están muy ricos, pero que la OCU los ha valorado con una nota de 63 (sobre 100, es decir, aprobado y poco más) lo que les sitúa en la zona baja de una tabla formada por 41 productos similares. ¿Qué les parecería? ¿Comprarían esos productos? No den por hecho que eso que están pensando es real porque si añadimos que esos productos forman parte de la gama llamada ‘Sabores de la Esteban’ tal vez sea usted capaz de obviar algunas cosas y lanzarse como si no hubiera un mañana a comprar media docena de botellas de cada cosa. Y no solo eso porque, tal vez, comprarían unas patatas fritas en las que aparece una fotografía de Belén Esteban (conocida como ‘la princesa del pueblo’ por buena parte de sus seguidores) o una cremita de verdura en la que se han incluido los mejores productos de la huerta murciana aunque sea de forma industrial.

Los camiones que distribuyen esos productos se ven con mucha frecuencia en las carreteras españolas (lucen enormes fotografías de la señora Esteban) y eso hace pensar que el éxito de los productos está siendo notable. Es decir, la señora Esteban estará recibiendo una cantidad considerable por acercarnos las recetas de su abuela y su madre (son las utilizadas en gazpachos y salmorejos aunque sea de forma industrial), por hacer que nuestras mesas sean otra cosa, tengan otro color más luminoso.

Queda claro que en España el más tonto hace relojes. Da igual si la calidad del producto es dudosa o una estafa. Eso da igual. Lo importante es colocarlo en un comercio porque siempre hay un roto para un descosido. España sobrevive a sí misma cada amanecer.

Los españoles somos capaces de hacer millonarios a seres vacíos, paletos, incultos y maliciosos. Premiamos que se critique, que se destrocen vidas, que se pisotee la dignidad de las personas, a cambio de que nos hagan las tardes de invierno más llevaderas. Y si es necesario gastarse una pasta en patatas fritas, se gasta. Confundimos lo que significa aparecer en un programa vergonzoso de televisión con la importancia de las personas. Por ejemplo, si Rafa Nadal nos recomendase una marca de raquetas de tenis o el padre Ángel nos invitase a confiar en una ONG para aportar una cantidad con la que se ayudase a los desfavorecidos, nos podríamos fiar con ciertas garantías de su criterio porque han demostrado ser los mejores en lo que hacen. ¿Deberíamos fiarnos de Belén Esteban en este asunto de las patatas fritas o del gazpacho? Pues eso.

Por cierto, soy más de preparar el gazpacho en casa con mis tomates y mis pimientos y con mi pan... Las patatas fritas de bolsa me parecen una fuente de grasa inagotable y huyo de ellas como si fueran el mismísimo diablo. Las cremas de verduras me salen de rechupete en la cazuela después de lavar y cortar los ingredientes con cuidado. En fin, debe ser la edad.


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