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La vida del revés

Las trampas de Pedro Sánchez a sus votantes o la democracia en peligro

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30 oct 2022 / 08:40 h - Actualizado: 30 oct 2022 / 08:46 h.
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Ahora hace cinco años, más o menos, que Pedro Sánchez apoyó la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española con el fin de poner límites a los separatistas catalanes, a los mismos que hoy está dispuesto a ‘perdonar’ para que puedan presentarse a las próximas elecciones. El delito de sedición rebajado al nivel de robo de gallinas sin violencia permitirá que se presenten a las elecciones los que quieren acabar con España como nación, permitirá que los fugados puedan volver a pisar suelo español y, lo que es peor, permitirá delinquir a otros del mismo modo que ya lo hicieron estos que son tan amigos de Pedro Sánchez. Si a todo esto le sumamos que el votante del PSOE introdujo su papeleta en la urna pensando que estaba eligiendo a un candidato que no pactaría jamás con sediciosos, el problema es terrible y, sobre todo, todo se vacía de sentido.

En la época de plomo que se vivió en España, los concejales socialistas morían asesinados por terroristas sin escrúpulos. Ellos, los de PP, los guardia civiles, los policías y los militares, formaban un grupo señalado, marcado para morir a manos de unos mafiosos. Hace unos años, cuando el PSOE se parecía al PSOE, pactar con formaciones políticas como EH Bildu era impensable porque con ello se traicionaba a las víctimas del terrorismo, a todos los españoles. Aunque la transición política del terrorismo de ETA al territorio político es cierto, también lo es que muchos de los que están en sus filas estuvieron muy próximos a la banda terrorista y que no condenaron las acciones violentas hasta pasado mucho tiempo. Pedro Sánchez juró, una y mil veces, que no pactaría con todos estos. Lo hizo y los votantes socialistas votaron a este sujeto sin intuir lo que podía pasar.

Pedro Sánchez dijo que no podría dormir tranquilo sabiendo que Pablo Iglesias tenía poder al formar parte de un Gobierno de coalición. Pedro Sánchez pactó con Unidas Podemos para formar un Gobierno que tendría que claudicar ante sus socios, ante los independentistas catalanes y ante los vascos (también son independentistas, que nadie se olvide de ello).

Si el Gobierno no tuviera que pagar tantos peajes no serían tantas las contradicciones que se están viviendo en España desde hace tres años, no serían tantas las diferencias con otros partidos democráticos. Desde luego, en el PP no pueden presumir de grandes hazañas políticas o de gran limpieza al gestionar recursos públicos o de una ejemplaridad maravillosa de sus políticos. Claro que no, pero lo de Pedro Sánchez está deformando la democracia española de una forma tan peligrosa como fulminante. Y eso lo pagaremos pronto y caro.


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